@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Conforme te vas acercando a la Mezquita Azul, no sólo es la belleza del lugar la que te embriaga, sino también el extraño olor que el edificio desprende. A bastantes metros del edificio, ya comienzas a notar un olor suave, que se va intensificando conforme te acercas y que antes de entrar te golpea duramente en la cara: sí, la Mezquita Azul huele mucho a pies.

Es una sensación indescriptible; afortunadamente, como el olfato se acostumbra a todo, en unos minutos dejas de sentir asco por el aire que respiras y puedes ponerte a contemplar las cúpulas.

Más tarde, cuando me quité los zapatos en el hotel, comprobé cómo aquel olor de la moqueta de la Mezquita Azul se había quedado impregnado en mis calcetines. No entendía nada. Creía que los musulmanes, antes de sus oraciones, se lavaban los pies en la ablución previa al rezo; ¿de dónde venía entonces ese olor?

En ese momento, me di cuenta de que la moqueta no se había contaminado por los pies de los creyentes; sino por los de los miles de turistas que todos los días pasamos por allí, que, tras haber pateado media Estambul, nos quitamos los zapatos y no nos lavamos los pies.

Siempre supe que el turismo acaba degradando los destinos turísticos, pero nunca pensé que yo mismo iba a contribuir a una degradación tan terrible.