@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Capítulo 2×14

El noroeste de Hoenn queda separado del resto de la isla por una cueva llamada la Cascada Meteoro. La Cascada Meteoro no es una cueva oscura pero, como en toda cueva, uno puede perderse al no poder ver la luz del sol.

Entré por la puerta norte y me perdí durante mucho tiempo, incapaz de encontrar la salida del sur. Si digo la verdad, tampoco tenía muchas ganas de buscarla. Si bien no me sentía cómodo en aquel lugar húmedo, la perspectiva de salir de él me parecía aún más inhóspita.

Por la puerta sur se llega a Ciudad Férrica. El club de entrenadores de esta ciudad se había enterado de que llevaba un tiempo vagando sin rumbo por la cueva y, sin yo pedirlo, vino a rescatarme.

El sol brillaba fuertemente en la playa de Ciudad Férrica, así como los ánimos de los entrenadores del lugar. Todos se pusieron contentos de recibir al Emilienko de Ciudad Azulona, del que por redes sociales habían oído hablar y que se especializaba en Pokémon de tipo planta.

El fin de semana que pasé con ellos, lleno de hamburguesas suculentas, cócteles extraños y combates Pokémon, fue uno de los mejores de mi vida. Cuando llegó el domingo por la tarde, vi a lo lejos las Cascadas Meteoro, donde había permanecido encerrado tanto tiempo, y comprendí que había llegado el momento de que mi viaje continuara.

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Capítulo 2×13

El curso de vértigos fue bien. No es que lo diga yo; es que cuando pregunté a los asistentes si les estaba gustando, me respondieron que sí. Claro, que muy sinceros tendrían que haber sido para, en caso de que no les hubiera gustado, me hubieran dicho lo contrario. Pero bueno, eso junto con la satisfacción que me ocasionó dar mis clases es lo único con lo que cuento para decirles si el curso resultó bien o mal y les digo que sí, que fue bien.

Era viernes 11 de octubre y, una vez que hube despedido a profesores y a alumnos de mi hospital, a media tarde, estaba agotado y me merecía una buena siesta. Seguramente debería haber sido así, pero no fue. Aquel día había aún algo importante que celebrar.

Llegué a casa y me quité la ropa de otoneurólogo. Sin detenerme demasiado tiempo, me puse la camiseta que me regaló Jorge, en la que aparecen los principales Pokémon tipo planta en pose amenazante y bajo los cuales se puede leer, “Solar Beams” (que podría traducirse por algo así como “los chicos del disparo solar”).

Con el disfraz de entrenador Pokémon me fui a ver a los otros entrenadores. Aru había hecho el recado que le había pedido y me lo había comprado: Pokémon X, el primer título de la sexta generación, en el mismo día de su salida al mercado, como buen entrenador que se aprecie.

El grupo de entrenadores Pokémon había crecido mucho desde aquella primera reunión. Allí estábamos ahora ocho de los veinte, con nuestros Pokémon a punto para el combate, en una noche tibia de otoño, sentados en una terraza de la Alameda, tomando nuestro cóctel oficial: el White Russian. Ésa sí era una forma perfecta de acabar el día.

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Capítulo 2×11

Dentro de nuestro viaje por Hoenn, ya era hora de despreocuparse por unas horas de crisis, huelgas y consejerías. Para ello, me dirigí, junto con otros entrenadores de la región hacia el sur, hasta llegar a Ciudad Férrica con motivo de la 1ª edición del campeonato Pokémon del Mangafest.

Allí estábamos un total de 64 entrenadores para disputar el título de campeón local y coincidimos varios entrenadores de Kanto, como Vientoblanco, de Ciudad Celeste, o Giz, de Pueblo Paleta. También se unieron otros entrenadores de Hoenn, como Blanca, de Pueblo Lavacalda, o Fidel, de Pueblo Pardal. Y tampoco faltaron viejos conocidos, como Aru, de Pueblo Azuliza; Jonathan, de Ciudad Fayenza; Vicen, de Ciudad Olivo o Moira de Ciudad Engobe.

Se trataba de una elimatoria a través de combates de seis contra seis. Para eso, yo preparé a mi equipo clásico, sustituyendo a mi Gloom por un Krookodile, dado que Gloom no había evolucionado completamente y adolecía de muchas debilidades.

El primer combate lo realicé con una chica joven, llamada Sara. Mi primera sorpresa fue que, en un combate seis contra seis, no se puede elegir al Pokémon inicial, saliendo por error mi Porygon-Z, una de mis últimas bazas. No obstante, fue una sorpresa afortunada, porque Sara sacó un Dragonite. Mi Porygon-Z conoce rayo hielo, ataque frente al cual Dragonite posee una debilidad doble, por ser dragón y volador. Dragonite no aguantó el primer asalto. Tras varios cambios por parte de Sara, saqué a mi Krookodile y, utilizando el afilagarras, potencié mi ataque. Krookodile debilitó a cuatro de sus Pokémon, a un Tyranitar entre ellos y, gracias a su habilidad autoestima, se convirtió en una máquina difícil de parar. Sú último recurso fue un Emboar. Ese detalle me gustó: se veía que Sara estaba jugando con su Pokémon starter. Sin embargo, fue incapaz de resistir el ataque terremoto de mi Heracross. Gané el primer combate por 5 a 0 y pasé a la siguiente ronda.

 

 

El segundo combate fue contra un adolescente llamado Guillermo. Yo ya había corregido el error de sacar primero a mi Porygon-Z y comencé con mi Crobat. Sin embargo, Guillermo me sorprendió con un Weavile. Weavile es uno de los pocos Pokémon más rápidos que Crobat. Weavile comenzó utilizando una mofa, enfadando a mi Crobat e impidiéndole utilizar su rayo confuso. Crobat aguantó poco los ataques de hielo de Weavile y saqué a mi Swanna. Guillermo cambió a Weavile por Espeon. Decidí continuar con mi estrategia de “annoyer” enamorando al Espeon, dado que mi Swanna es hembra y su Espeon era macho. Error. Olvidé que la habilidad oculta de Espeon es Sincronía, por la cual Espeon dejó de estar enamorado y enamoró inmediatamente a mi Swanna. Tras debilitar a cuatro de mis Pokémon, mi Chandelure debía enfrentarse a su Jellicent, pero debido a la superioridad del agua frente al fuego, decidí rendirme y perdí el combate 6 a 2.

 

 

En resumen, estuvo muy bien. El nivel era alto y me sentí orgulloso de pasar a la segunda fase. También me gustó perder contra un equipo justo y sin Pokémon legendarios. Espero que éste encuentro sea el primero de muchos.

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