@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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La última etapa de la residencia empieza cuando redactas el currículum. Pones especial cuidado en que no se te olvide ningún curso, ninguna comunicación, ninguno de los artículos que has redactado. Quieres demostrar a todo el mundo en pocas hojas de papel todo lo que te has esforzado en esos últimos cuatro años que están próximos a acabarse.

El segundo paso es sentarse a pensar a dónde uno está dispuesto a irse y bajo qué condiciones. Ponderar la distancia y las características de un puesto de trabajo no es fácil, especialmente en esta época en la que vivimos en la que encontrar un contrato médico se asemeja casi a la odisea de Ulises.

Cuando comienzan a producirse las conversaciones te das cuenta de que de médico interno residente ya te queda muy poco. En general, todo el mundo es muy amable. Leen tu currículum con curiosidad y te preguntan por tu situación personal para los próximos meses. Sientes incluso un poco de pena por los que se disculpan diciendo que en otra época de mayor bonanza económica te habrían contratado y agradeces a los que para ayudarte te ofrecen lo poco que tienen.

Así es acabar una residencia en el año 2012.

Conversación imaginaria mantenida con un residente de Otorrinolaringología en el año 2030.

-Don Emilio, ¿le puedo hacer una pregunta?
-Llámame Emilio, por favor. Y de tú.
-Vale. ¿Es verdad que cuando tú eras residente se podía fumar dentro de los hospitales?
-¡No, hombre! Yo no soy tan mayor. No, mira, cuando yo era residente estaba más que prohibido fumar dentro del hospital. Los fumadores salían a la calle y a los que se quedaban dentro para hacerlo se les reñía y estaban muy mal vistos.
-Ah.
-Lo que sí se podía hacer cuando yo era residente era pedir alcohol en la cafetería.
-¡Anda ya! ¿En serio? ¡Se está usted quedando conmigo!
-No… es verdad. A mediodía se tomaban cervezas; en verano, tintos y algunos padres, cuando nacían sus hijos, pedían botellas de champán.
-Pero eso es una barbaridad. ¿Por qué se era tan intransigente con el tabaco y con otra droga tan perjudicial como el alcohol había tanta tolerancia? No tiene sentido.
-Beber alcohol estaba bien visto. Era común celebrar cosas con alcohol. Si lo hubieras vivido, no te sorprenderías ahora tanto.