@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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No recuerdo cuánto me costó exactamente el vuelo para llegar al Estado de las Patatas, pero sí sé que fue lo más caro del viaje, que duraba nada más y nada menos que 21 horas. Sea como sea, me parecía un tiempo lo suficientemente elevado para desajustar mi reloj biológico, así que decidí darle una ayuda química con zolpidem.

El zolpidem es uno de los hipnóticos más potentes que se pueden encontrar en las farmacias. Ya lo había probado otras veces y me había proporcionado un sueño agradable, así como una deliciosa sensación de amnesia mientras duraba su efecto. Pensé en que era el fármaco ideal para tomarlo y cruzar El Charco en un agradable trance.

Rafa, mi erre mayor, decía que todo me pasaba a mí y, en mitad del viaje, en algún punto por encima del Océano Atlántico, ocurre lo que pasa en lás películas: piden un médico en primera. En ese momento, yo no estaba en condiciones de atender pacientes, pero ¿qué hacer? ¿Cómo negarme a una llamada de auxilio? Como pude, me arrastré por el pasillo hasta primera, con cara de zombie, sin afeitar y envuelto en una vieja sudadera de C&A llena de bolitas tras muchos lavados. Afortunadamente, cuando llegué allí, ya había otros médicos, americanos y con camisas decentes; era sólo una crisis de ansiedad y pude retirarme a mi asiento.

No hablamos hoy de automedicación en médicos (que tiene mucho que criticar y que daría para muchas entradas) ni tampoco de la conveniencia de regular químicamente el ciclo circadiano. De lo que quiero hablar es: ¿tiene sentido que, durante un viaje en avión, la tripulación tenga que recurrir a los presuntos pasajeros médicos para atender una emergencia? ¿Qué habría ocurrido si hubiese sido el único médico, la emergencia hubiera sido grave y yo me encontrara seriamente indispuesto para actuar? ¿Hasta donde llega nuestra responsabilidad con la sociedad?

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La película de Margaret Thatcher me ha dejado hecho polvo. Llevo pensando en ella un par de semanas porque ha conseguido cimbrear gran parte de mis ideas políticas.

En primer lugar, según la película, la política de Margaret Thatcher se basa en la máxima de potenciar la responsabilidad individual. Todos estaréis de acuerdo conmigo cuando digo que potenciar la responsabilidad individual de la ciudadanía de un país es bueno. Nadie puede estar en contra de una idea como ésa.

Sin embargo, las medidas de la Primera Ministra de Gran Bretaña se le tuercen en seguida, dado que cuando las pone en marcha se vuelven extremadamente impopulares.

Se reducen las becas universitarias. Ella apela a la responsabilidad individual: el estudio universitario es una inversión de futuro; por tanto las familias más humildes deben ser conscientes de la necesidad de ahorrar para invertir en los estudios.

Se cierran las minas de carbón del Estado que no fueran rentables. Ella apela a la responsabilidad individual de los mineros: si veis que vuestro trabajo produce más gastos que beneficios, deberíais de haberos dado cuenta y cambiar de ocupación. Incluso las huelgas de hambre de los mineros fueron interpretadas como pataletas de niño mal criado para intentar chantajear a papá estado.

Se reduce el poder de los sindicatos. Se apela de nuevo a la responsabilidad individual: si no te gusta ese trabajo, cámbiate. Lo que ella no iba a consentir era que los sindicatos, creados para defender los derechos de los trabajadores, atentaran mediante las huelgas contra el principal derecho de los trabajadores: el derecho al trabajo.

Se sufre la invasión de las Islas Malvinas: se envía allí a toda la Marina. Daban igual las bajas militares, la población militar debía asumir su responsabilidad y proteger a la población civil, que es para lo que se les remuneraba.

Ella critica en público que uno de sus ministros escriba con faltas de ortografía: critica su falta de responsabilidad. Pero, ¿acaso es aceptable que un Ministro tenga faltas de ortografía? ¿No criticamos nosotros que ninguno de nuestros Presidentes del Gobierno hable idiomas de forma fluída?

¿Entonces qué? ¿Es que llega un momento en el que fomentar la responsabilidad individual tiene un límite? ¿O es que el Estado debe siempre tener un papel paternalista del que no puede deshacerse? Me siento tentado a decir que algo de paternalismo debe tener el Estado, pero, por otro lado, aceptar que llega un límite en el que la población no puede asumir su responsabilidad individual me da náuseas.

En segundo lugar, de la película se puede aprender qué ocurre cuando un país sale de una crisis económica aplicando fuertes recortes sociales. Se puede criticar si esas medidas merecen la pena, debido al coste social que provocan. Te hace pensar. Pensar en medidas de recorte en la situación que vivimos es necesario. Hay que conocer la Historia, porque se aprende de ella.

Llegados a este punto me pregunté lo siguiente: Estudié Historia en 6º, 7º y 8º de EGB. Más tarde en 1º y 3º de BUP, y una sexta vez en 2º de Bachillerato. Seis años de Historia en los que nunca nadie me habló de las políticas económicas y sociales de la época Thatcher. Eso no puede ser. Es importante conocer la Historia reciente. ¿No tendría más sentido enseñar esto a los alumnos que insistir año tras año en la Crisis del siglo III?

Hace algunos años, mientras pelaba una pera para tomarla de postre, descubrí cómo un gusano había llegado a la fruta antes que yo, pudriendo su interior y dejándolo de un intenso color negro.

Por aquel entonces, los lectores de este blog eran en su mayoría estudiantes de Medicina, a los que les gustaba mucho una sección en la que yo solía explicar Fisiopatología en términos sencillos y utilizando ejemplos de la vida cotidiana.

Al ver las zonas negras del interior de mi pera, decidí hacerle una foto para ilustrar la historia natural de un melanoma que no se trata y que avanza por el interior del cuerpo dejando a su paso manchas de color negro. La actualización que escribí satisfizo las expectativas de los estudiantes de Medicina que la leyeron y pasó a formar parte del archivo de este blog.

El tiempo pasó y, un año después de haber publicado la metáfora de la pera y el melanoma, recibí un aviso: alguien había dejado una firma en ella. Acudí a leer el comentario de esa persona, que decía así:

Me parece de muy mal gusto tu metáfora, tío. Mi hermana esta pasando por un episodio de melanoma y lo esta pasando fatal por culpa de tu desagradable descripción. Ten cuidado con los sentimientos de las personas“.

Conforme fui leyendo estas palabras me fui poniendo blanco poco a poco: hasta ese momento no había sido consciente del daño que la descripción del melanoma que yo había escrito inocentemente podía estar haciendo. Pensé en cómo habría relacionado yo si tuviera un melanoma y hubiera visto una foto como ésa: me habría vuelto loco.

Podría defenderme diciendo que el texto había sido escrito para estudiantes de Medicina y no para pacientes; pero ya era demasiado tarde porque el daño estaba hecho. Para colmo, no tenía forma de ponerme en contacto con la persona a la que le había hecho tanto daño sin querer, para pedirle perdón y consolarla diciéndole que, afortunadamente, la detección precoz de los melanomas ha hecho que mejore su pronóstico.

Hace un par de meses, en la reunión virtual de sanitarios que se efectúa todos los martes por la tarde (en el canal de Twitter #hcsmeuES), Irene Tato (@itato) me decía que los pacientes siempre tienen derecho a tener toda la información sobre su enfermedad si así lo desean, en medio de una conversación referida a las comunidades de pacientes que en los últimos años se han creado gracias a Internet.

En este aspecto, yo discrepé con ella. Si por un lado es innegable que las comunidades de pacientes hacen un gran bien a muchos enfermos y que han permitido que ellos y sus familiares tengan acceso sencillo y gratuito a gran cantidad de información útil, a mí me da miedo que los enfermos en estadios precoces de enfermedades graves e incurables descubran de forma brusca qué les puede deparar el futuro al compararse con enfermos que están en estadios más avanzados de su misma enfermedad.

No os equivoquéis; apoyo completamente a las comunidades virtuales de enfermos porque proporcionan muchas más ventajas que problemas; pero, por mi propia experiencia, creo que es conveniente recordar que la información médica que proporciona Internet puede hacer mucho daño si se dosifica inadecuadamente; por lo que pienso que la forma en la que se da la información en Internet será otra de las asignaturas que el día de mañana los sanitarios tendremos que afrontar.