@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

La propia experiencia me está diciendo que las ideas sobre salud 2.0 no son tan bonitas como pueden parecer a primera vista.

Mi proyecto eORL es muy sencillo: vienes a consulta, yo te atiendo, yo te diagnostico, yo te trato y, después de esto, te pido que voluntariamente me vayas contando cómo te va a través del ordenador de tu casa. Para eso, te doy a elegir tres formas diferentes de contactar conmigo: Twitter, Facebook y correo electrónico.

Me puedes contar lo que te apetezca: cómo te va la enfermedad, cómo de cómodo te resulta el tratamiento, dudas con las que te hayas quedado, y lo que en ese momento se te pase por la cabeza (preferiblemente relacionado con la enfermedad).

Seis meses después de haber iniciado el proyecto, las cosas van así:

27 pacientes han aceptado participar; pero 2 no tenían Internet en casa, así que se quedaron con las ganas.
De los 25 que quedaban, 7 no se pusieron en contacto conmigo nunca más; mi tasa de respuesta fue del 72%.
De los 18 que contestaron, nadie eligió Twitter. 4 me agregaron a Facebook para comunicarse conmigo (los más jóvenes) y los 14 más mayores me contactaron a través del correo electrónico.
Las patologías que presentaban eran otitis externas, otomicosis, tapones de cerumen, ototubaritis, amigdalitis agudas, amigdalitis caseosas, faringitis y laringitis agudas. De momento decidí dejar fuera del proyecto enfermedades crónicas, graves o potencialmente mortales.
Nadie se fue por las ramas. Todos los pacientes fueron claros y concisos al contactar conmigo; responder los correos no me supuso apenas tiempo.
En un caso, una paciente me abordó en Facebook varios meses después de haberla atendido por un problema otorrinolaringológico diferente. Pude quedar con ella al día siguiente, aprovechando un hueco de mi agenda.

Como veis, los resultados del proyecto son muy modestos, tanto en número de pacientes vistos como en gravedad de las patologías atendidas.

Yo me encuentro un poco decepcionado. Por un lado, tengo la sensación de que esto no va a ninguna parte. El modelo sanitario actual, en el que las tecnologías de la información a nivel asistencial y en lo referente a la relación médico-paciente no están apenas desarrolladas, funciona. Si funciona tal y como está, ¿es necesario cambiarlo? ¿Es necesario introducir con calzador las herramientas 2.0 cuando aún la gran mayoría de los pacientes no las demanda?

Mi respuesta a estas preguntas es que no, no es necesario introducirlas; mi proyecto en ese sentido es un despropósito. A pesar de esto, voy a seguir con él porque, aunque a día de hoy no tenga ningún sentido, dentro de unos años (quizás menos de los que pensamos), los pacientes llegarán a internet demandando algún tipo de asistencia sanitaria on-line.

Cuando eso ocurra, no nos puede coger el toro. Es necesario que los sanitarios estemos ya en la red, esperando, y, a ser posible, con experiencias piloto previas que nos permitan un control satisfactorio de la nueva situación. En este sentido, mi pequeño y humilde proyecto quizás en ese momento sirva para algo.

Dedicado a Paco Lupiáñez (@flupianez), quien, muy razonadamente, el pasado junio pidió a la Blogosfera Sanitaria que, como científico que era, no quería experiencias aisladas, sino resultados numéricos.