@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Este domingo les propongo un divertido juego de física: se trata de conseguir romper una silla del salón usando cajas de cerillas.

Evidentemente, no me lo pongan muy difícil. No elijan la silla más nueva y sólida que posean; escojan más bien alguna que esté desvencijada. Ésa que tenemos todos que, tras muchos usos y abusos, “baila” al sentarse sobre ella.

Ahora cojan varias cajas de cerillas y pónganlas encima, una a una, progresivamente. Es posible que no tengan cajas suficientes en la propia casa para reventar su silla; en ese caso, no se sientan intimidados al pedir ayuda a sus vecinos, para que éstos aporten las cajas de cerillas que tengan sin usar en sus propias casas y así se hagan partícipes de este experimento. Si pierden la paciencia al ver que la silla no se rompe, pueden comenzar a lanzarlas violentamente sobre la silla, a ver si así tienen más suerte.

Es bastante probable que llegue un momento en el que no quepan más cajas de cerillas y que no hayan conseguido el objetivo del juego. En ese caso, les recomiendo que asgan el asiento con fuerza y les indiquen a las cajas de cerillas a voces que la silla está a punto de romperse. Un curioso fenómeno sucederá: ¡las cerillas saldrán de las cajas y comenzarán a acusarse las unas a las otras de la terrible situación de su silla!

Las primeras criticadas serán las cerillas funcionarias: como trabajan tan poco, las demás cerillas las culparán de todo lo que está ocurriendo. Absurdo. Las cerillas inmigrantes, ésas que trajo el vecino, serán marginalizadas con toda seguridad. No faltarán cerillas autóctonas que afirmen que la solución es tirarlas silla abajo, o incluso prenderlas y que se consuman para así aligerar peso.

Llegará un momento que incluso las cerillas maestras y las cerillas médicas serán criticadas por sus compañeras. ¡Ellas, que siempre fueron intocables! ¡Ellas que se encargaban de propósitos tan nobles como hacer que las cerillas jóvenes procuraran un futuro mejor para la silla o que se encargaban de recomponer magistralmente las cerillas quebradas! Aunque bueno, todo el mundo sabe que de poco sirve que una cerilla haga un máster. Y también que las cerillas quebradas son poco productivas; mejor no recomponerlas.

Cuando se cansen de reír o llorar con este dantesco espectáculo, acérquense a la silla y pregunten por la cerilla jefe. Educadamente, no vayan a herir su suceptibilidad, pregúntenle si no sería interesante abrir una comisión de investigación acerca del motivo real que ha causado el actual estado de las patas de la silla, no vaya a ser que las cerillas no tengan tanto peso como el que se le quiere hacer asumir.

¿No sería graciosísimo que la cerilla jefe desestimara su propuesta?