@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Estoy un poco enfadado. En los últimos días, los medios de comunicación nos bombardean acerca de si la sanidad pública es más rentable que la sanidad privada o no. No se andan con medias tintas: en función del signo político del medio correspondiente, cuentan lo contrario. Unos dicen que la sanidad pública es mucho más eficiente que la privada; otros hablan de la conveniencia de la privatización para reducir costes.

Así que tengo algo claro: aquí hay alguien que miente. Y a mí no me gusta que me mientan. Así que me he puesto a hacer las cuentas a mano.

En primer lugar, me he metido en la página del Ministerio de Salud y Consumo, hasta encontrar un documento que dice que el gasto sanitario público en 2010 teniendo en cuenta los cuidados de larga duración fue de 74.732 millones de euros. Ese mismo año, según el Instituto Nacional de Estadística, en España residían 47.021.031 personas. No dice si en ese número están incluidos los inmigrantes ilegales, pero los inmigrantes regulares sí lo están.

Si hacemos el cociente, me salen 1589,33 euros por español y año. Eso al mes son 132,44 euros. ¿Y cuánto vale una compañía privada? Pues varía mucho. Entre 40 y 140 euros al mes. De entrada, parece que una compañía privada por mes cuesta menos. Sin embargo, llegados a este punto, hay que comenzar a tirar dardos a favor de la sanidad pública.

En primer lugar, ser de una compañía privada no proporciona un descuento al comprar fármacos en oficinas de farmacia, como ocurre en la sanidad pública. Así que, al precio de una compañía, hay que sumarle el del gasto farmacéutico por español y mes. Según el Ministerio, en 2010 se gastaron 13.380 millones de euros en farmacia; lo que equivalen a 23,71 euros por español y mes. Claro que ese gasto supongo que también incluye el de farmacia hospitalaria; pero bueno, pongámonos en el caso más desfavorable. Esos 23,71€ tiene que abonarlos de su bolsillo un paciente con una compañía privada. Es decir, por ahora, la sanidad privada es más rentable siempre que cueste al mes menos de 132,44 – 23,71 = 108,73 euros.

Va ganando la privada. Sigamos pues hablando de las ventajas de la pública. Una de ellas, es la existencia de un sistema de Epidemiología y de Vigilancia de la Salud. Para muchos es desconocido, pero existe. Ya no sólo hablamos del control de epidemias internacionales, sino de inspecciones veterinarias, control de aguas, campañas de prevención de consumo de tabaco, alcohol y drogas que, a la larga, salen baratas.

¿Cómo van las cuentas ahora? Veamos. Un varón de 64 años que viva en Sevilla pagaría al mes en tres compañías sanitarias conocidas, según sus páginas web, 135,81€, 117,72€ y 121,71€ (una media de 125,08€) en tarifas con prestaciones equiparables a las de la Seguridad Social.

Así que ahora, como la privada va perdiendo en lo que refiere a rentabilidad, hay que defenderla. Se puede decir a su favor que las tarifas para personas más jóvenes son más económicas (la media de las tres compañías anteriores para un varón de 30 años se reduce a 48,52€). En contra de este dato, se puede argumentar que existen compañías que no aceptan a asegurados mayores de 65 años o incluso que los echan (esto me recuerda un poco a lo del reloj de la palma de la mano de “La fuga de Logan“).

Además en la sanidad privada, el coste ha de ser superior, dado que existe un ánimo de lucro que no existe en la pública.

Para acabar, hay que decir a favor de la privada que, mientras las compañías privadas no desgraven en el IRPF, en realidad lo que hacen es reducir gasto a la Seguridad Social. Si hace unos meses defendíamos que los inmigrantes irregulares tenían derecho a la Seguridad Social porque pagan su IVA como todos los demás españoles, las personas con un seguro de salud abonan no sólo el IVA, sino también el IRFP; es decir los impuestos de los que sale el dinero para el gasto sanitario.

Así pues, sigue sin estar muy claro qué es más rentable, si la sanidad pública o la privada. Seguro que tenéis cosas que objetar en estas cuentas, que no son más que una simplificación, pero con los números encima de la mesa me siento más seguro para opinar.

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En el pasado congreso de la SAMFyC, tuve el placer de conocer a algunos de los promotores de la iniciativa “Seis minutos”.

La iniciativa está muy bien, la verdad. Con el objetivo de reivindicar el importante papel de la Atención Primaria en la Sanidad Pública, un conjunto de médicos especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria han grabado tres vídeos de seis minutos en los que informan a la población de todas las cosas que su médico de familia puede hacer por ellas, a la vez que reclaman un mayor tiempo en consulta para cada paciente y un mayor peso efectivo en el Sistema Sanitario Público.

Que sí, que la iniciativa y el vídeo están muy bien; pero a mí me ha dolido el bofetón que nos habéis dado a los especialistas de Atención Especializada, cuando explicáis que nuestra atención es más peligrosa que la vuestra. Me ha dolido porque, si los vídeos se centran en ensalzar la Atención Primaria, ¿es necesario apuntar las desventajas de la Especializada?

El Sistema Sanitario Público tiene dos caras. Por un lado, imagino a los especialistas de Primaria atendiendo cada día a los pacientes que derivaron a Especializada cuando algunos de ellos sufren las consecuencias negativas de haber sido vistos por un especialista; por un “cachitólogo“: es fácil echarnos la culpa. Por el otro lado, no necesito imaginar las consecuencias de una derivación tardía, equivocada o innecesaria de un médico de Atención Primaria hacia Especializada porque las he vivido.

Sí, en mi vida profesional en Atención Especializada he conocido eso: los errores de la Primaria. Sin embargo, jamás se me habría ocurrido decirle a un paciente “lo derivaron demasiado tarde” o “se equivocaron de especialista al derivar“. Es más, conociendo y respetando la Atención Primaria desde que comencé a trabajar, cuando un paciente acudía a mí quejándose de su médico de Atención Primaria siempre he defendido a su médico diciéndole que “su médico de Atención Primaria sabe mucho, desde cómo tratar una depresión hasta cómo hacerle una RCP, tomarle una citología, reducirle una fractura o atender a toda su familia en su domicilio. En concreto, por el problema que usted consulta, es capaz de resolverlo en un gran porcentaje de las veces pero, en su caso concreto, ha tenido que derivarlo. Eso no quita que no sea un gran profesional, sino que ha solicitado ayuda para resolver su problema“. Y el paciente se va contento, consciente de la grandeza de nuestro sistema de Atención Primaria. Sé que este sistema tiene sus defectos, pero nunca se los comentaría a un paciente.

En el libro de Fred Lee del que tantas veces hablo, “Si Disney dirigiera mi hospital“, se comenta que una de las acciones que más impacto tiene en la satisfacción de un paciente es que un profesional hable bien de otro; por el lado contrario, un profesional criticando a otro hunde la satisfacción. Llevo años ensalzando las virtudes de un sistema con Atención Primaria; por eso me ha dolido el ataque a la Atención Especializada. Puede que lo que digáis sea cierto, pero diciendo que somos más peligrosos que vosotros sólo conseguiréis que la población recele del Sistema en conjunto.

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-¿Qué preferirías, que el Sistema Sanitario Público colapsara en la crisis económica actual o que se jugara con el miedo al derrumbe del Sistema Sanitario Público como herramienta electoral y arma arrojadiza entre partidos políticos?
-Vale, elijo la primera; definitivamente la primera.

Ayer me llegó la siguiente noticia a través de redes sociales: un anuncio de que, debido a los recortes del gobierno central, habrá que cerrar en Málaga tres hospitales públicos: Antequera, Carlos Haya y Axarquía.

Cuando uno lo piensa fríamente, se da cuenta de que, si estos hospitales en condiciones normales ya están llenos, ¿dónde meteríamos a todos esos pacientes de los hospitales que se pretenden supuestamente cerrar? ¿Nos están acaso diciendo que las cosas están tan mal que no hay dinero para pagar los servicios hospitalarios a aquellos que lo necesitan? ¿Que no hay dinero para costear suficientes camas y que, consecuentemente, el nivel de gravedad para ser candidato a una cama hospitalaria subirá?

No, no es posible, eso no puede ocurrir. No es posible que estén tan mal las cosas. Pero, si están así de mal, váyanmelo diciendo por favor. Que, aunque prefiera que jueguen con el miedo al derrumbe del Sistema antes de que el Sistema realmente se hunda, no está el horno para bollos y no me gusta que especulen con mi desesperanza.