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Diez cosas que pueden ir mal durante una Tesis Doctoral (con sus correspondientes comentarios)

Cuando creas que acabas de hacer un descubrimiento que arrojará datos a la Ciencia, descubrirás una frase en inglés en un artículo remoto que te confirmará que ese “descubrimiento” lleva descubierto años. Refrán popular: La Luna ya está “descubierta”.

Cuando más te sientas inspirado para dedicar unas horas a tu Tesis, aparecerán guardias, consultas de tarde, prolongaciones de quirófano y todo tipo de actividades laborales que te agotarán mentalmente. Un poco de metitación: Ohm…

Cuanto más arduamente hayas trabajado en los últimos días en tu tesis, mayores serán las posibilidades de atender a un paciente que te demuestre que tu conocimiento es superficial. Cita: Sólo sé que no sé nada.

Cuando todo el conocimiento esté perfectamente atado en tu cabeza, alguien hará un comentario que lo hará cimbrearse. Corolario: Es bastante probable que ese comentario se haga por casualidad y en la cafetería.

Cuando te sientas orgulloso de tu tamaño muestral, aparecerán incomprensiblemente datos duplicados. Aviso a doctorandos: Antes de empezar a analizar los datos, no te olvides de pasar un filtro de duplicados.

Cuando estés completamente seguro de cuál es el test estadístico más apropiado para un determinado análisis, no estará disponible en tu software. Deducción: Cuantos más programas de Estadística tengas en tu ordenador, más invencible te volverás.

Cuando veas por primera vez tus resultados, no serán tan buenos ni significativos como creías que podrían llegar a ser. Pensamiento interno: ¿Qué alma despiadada inventaría los niveles de significación estadística?

Cuando las referencias bibliográficas estén perfectamente ordenadas, aparecerá un artículo de última hora que viene de perlas para ser citado el primero o el segundo y que te obligará a renumerar todos los demás. Nota mental: La numeración de las referencias es el último paso.

Cuando le envíes el borrador a tu tutor, habrá una falta de ortografía en la primera página. Consejo: Por muy seguro que estés de tu ortografía, nunca menosprecies el corrector ortográfico.

Cuando tengas más ganas de gritar de desesperación, no habrá nadie para escucharte. Recordatorio obvio: La Tesis Doctoral es un trabajo individual. La estás haciendo sólo.

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Una madre frió una docena de huevos para la cena de sus seis hijos y se propuso firmemente que no le sobrara ninguno.

-Yo quiero dos huevos -dijo el primer hijo.
-Yo no quiero ninguno -dijo el segundo.
-Nosotros queremos tres cada uno -dijeron los hijos tercero y cuarto.
-Yo tomaré sólo uno- acabó el quinto.

Cuando la madre hubo servido los huevos a sus primeros cinco hijos, le dijo al sexto:

-Tú tienes que tomarte tres, porque no quiero que sobre ninguno.

Éste es un sencillo ejemplo para entender lo que en Estadística se conoce como grados de libertad. Sabemos que en total los seis niños tomarán doce huevos. Hay seis niños (o variables) que pueden elegir tomar el número de huevos que deseen pero, como sabemos que la suma total de huevos será doce, el sexto hijo no podrá elegir el número de huevos que quiere cenar; así pues, éste es un modelo con cinco grados de libertad.

Si complicamos un poco el problema y decimos que hay tres niños y tres niñas y que la madre se empeña en que sigan cenando un total de doce huevos pero que la suma de huevos de los niños sea seis y de las niñas sea seis también, podemos deducir lógicamente que el modelo tendrá en este supuesto sólo cuatro grados de libertad.

En resumen y en términos vulgares, los grados de libertad es el número de hijos que pueden elegir libremente existiendo un total fijo.

Podemos llevar el problema al terreno sanitario y hablar de organización de servicios. Si en un servicio determinado hay dos consultas médicas y hay dos médicos contratados, será un servicio con cero grados de libertad. Si siguiera habiendo dos consultas pero el número de médicos contratados fuera tres, el servicio contaría con un grado de libertad: quedaría un médico libre que podría dedicarse a la investigación, a la docencia, a la gestión o a actividades tan decentes como tomarse un saliente de guardia.

Desafortunadamente, en la práctica diaria, el problema es más complejo porque no se trata sólo de pasar consultas, sino de atender quirófanos, llevar un busca, pasar la planta, responder interconsultas y muchas otras tareas variadas. Es deseable que todo servicio cuente con grados de libertad; es decir, con médicos de repuesto para dotar a su organización de cierta flexibilidad.

No todas las tareas son tan excluyentes como una consulta; algunas de ellas son solapables. Así, el profesional que se encarga de pasar una planta con pocos pacientes sencillos puede asumir un busca no muy solicitado y el que tenga un quirófano corto puede dedicar parte de su tiempo a la docencia, por ejemplo.

Por tanto, es difícil estimar con exactitud cuantos médicos necesita un servicio, aunque es fácil hacerse una idea aproximada. Sea como sea, el que se encargue de realizar esta aproximación debe tener en cuenta que tiene que haber siempre algún médico libre para resolver imprevistos. Dicho en términos estadísticos, el número de grados de libertad de un servicio médico debe ser distinto de cero.

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Tenía miedo a meterme en un lío y a acabar en la cárcel. Estaba deseoso de comenzar a comunicarme con mis pacientes a través de internet, pero había un gran obstáculo llamado Ley de protección de datos.

Para quien no sepa de qué va esta ley, se lo explico rápidamente: resulta que tus datos sanitarios son secretos. Que te hayas contagiado la tuberculosis, que te estés tratando un resfriado o que hayas vuelto a fumar es algo que queda entre tu médico y tú. Por supuesto, esta información se puede recoger de forma electrónica, pero no puede meterse en internet para que vaya circulando libremente por ahí. Por eso, no podía pedirle a mis pacientes que me contaran cómo les estaba yendo a través del correo.

¿Qué pasaría si algún hacker consigue acceder a esta información? Me imagino broncas terribles con mi jefe de servicio o con el director médico si esto ocurriera. Quizás incluso me despidieran y se formara un escándalo mediático: “Médico del SAS obliga a sus pacientes a publicar sus datos en redes sociales“.

Me sentía impotente; no quería asistir cruzado de brazos a la explosión de la salud 2.0 en España. Necesitaba a enfermos con quienes ensayar mi proyecto de seguimiento on-line, pero ¿quiénes? ¿Y cómo podría hacerlo sin tener problemas?

-Perdona, ¿te puedo pedir un favor?

Era una celadora que acababa de abrir la puerta de la consulta.

-Sí, dime.
-Es mi padre, que lleva una semana supurando por el oído. Ha ido al médico de cabecera, que le ha dado cita con el otorrino, pero no se la van a dar en un tiempo, ¿a ti te importaría verlo en un momento, que él está ahora mismo aquí?

El personal de la casa y sus familiares; acababa de encontrar a mi población diana. Se atienden a muchos de ellos al cabo de la semana y tenían sus ventajas. Por un lado, podía pedirles que me escribieran un correo al cabo de los días, porque yo les estaba haciendo un favor. Por otro lado, como yo los estaba atendiendo extraoficialmente, no iba a quedar constancia en ningún sitio de que hubiera existido un acto médico, por lo que no iba a tener ningún problema con mis superiores.

-Claro que no me importa verlo -contesté. Pero, a cambio, ¿podría pediros que participarais en un proyecto de investigación que acabo de comenzar?

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