@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Rut y Olga me preguntaron en Valencia si era capaz de encontrar algún tipo de uso biomédico para Foursquare, la famosa red social de geolocalización.

Foursquare se ha convertido en un juego muy popular durante el último año. La opción de compartir con tus amigos más cercanos tu ubicación actual supone posibilidades sociales desconocidas hasta el momento.

Yo soy usuario de Foursquare. Aunque muchas personas a quien les he hablado de esta red social se muestran desconfiadas al principio (prefieren no compartir con los demás dónde se encuentran), mi experiencia es que Foursquare facilita las citas y no supone una gran pérdida de intimidad; al fin y al cabo, sólo se comparten los lugares que uno quiere y con la gente que uno desea.

Como juego es realmente adictivo pero, ¿tendría algún tipo de aplicación biomédica para pacientes o para trabajadores sanitarios?

Cuando una empresa intenta hacer negocio con Foursquare, puede basar su campaña en dos incentivos diferentes: las medallas y las promociones.

Las medallas son una especie de galones obtenidos por ciertos méritos que el usuario de Foursquare porta con más o menos orgullo. Por ejemplo, la medalla Jetsetter se obtiene al haber compartido como localización actual (lo que se llama en el argot del juego “chequear” o “hacer check-in”) cinco aeropuertos diferentes; la medalla School Night la tenemos los que hemos visitado un bar de copas después de las tres de la mañana un día de diario.

Grandes empresas como Starbucks, Apple o el Metropolitan Museum de Nueva York ofrecen medallas a los usuarios cuando han realizado visitas a sus instalaciones cumpliendo determinados requisitos. Esto, de alguna manera u otra, atrae clientes a estas marcas. Pero no tiene sentido que un centro de salud, un hospital o una consulta privada otorguen medallas a las personas que hacen check-in en ellas. Uno lleva con honor el galón de haber estado en varias Apple Stores, pero no se siente especialmente orgulloso de compartir sus frecuentes visitas al proctólogo.

Las promociones, sin embargo, podrían tener cierta cabida en el mundo sanitario. Una promoción se activa cuando una persona hace check-in en un sitio determinado. La promoción le otorga algún tipo de beneficio (descuentos en artículos, tratos de favor en restaurantes). La empresa que otorga la promoción se beneficia de la misma porque el usuario comparte en el momento del chequeo su localización con sus amigos, haciendo publicidad entre clientes potenciales.

La única aplicación sanitaria que le he encontrado a las promociones es el uso para los stands publicitarios de los congresos de sanitarios. Éstos podrían usar Foursquare para volverse más populares, aunque, personalmente, me parece éticamente dudoso.

Por tanto, Foursquare es divertido pero, al menos en mi corta imaginación, poca aplicación le encuentro en el mundo de la Medicina. Las siguientes medallas son, por lo tanto, absurdas.

1. Medalla “Proud health worker” obtenida al chequear más de 20 veces en un centro sanitario antes de las ocho de la mañana.
2. Medalla “Iatrogenically dizzy” para pacientes que han sido derivados a más de tres especialistas diferentes en menos de un mes.
3. Medalla “Hypochondriac”, para pacientes que han solicitado más de cinco veces en el último mes consulta por diferentes motivos banales.
4. Medalla “Hyperstitched”, otorgada con motivo de la décima visita a un cirujano plástico privado.

Cuando Olga me invitó a dar una clase en su aula virtual de TeKuidamos, no tuve muy claro qué era lo que querría escuchar la audiencia especializada que acude como público a este foro.

Así que yo conté lo de siempre: lo de que doy el correo electrónico para comunicarme con los pacientes: cómo me iba, qué experiencias estaba teniendo y todo eso. Terminé mi presentación con una frase que gustó: “Digitalicemos lo digitalizable“. La frase se tuiteó, se retuiteó, se trituiteó, se cuatrituiteó y se quintituiteó.

Tanto éxito tuvo, que a mí me dio vergüenza reconocer que esa frase era un error, que yo no quería decir lo que esa frase significaba; que yo me refería a otra cosa. Así que desde aquí doy mi fe de errores.

Un servicio de salud digitalizado no tiene por qué ser mejor. Ni mucho menos. No confundamos términos. Puede parecer más moderno, eso no lo discuto, pero de ahí a afirmar que su calidad es mejor porque todo se haga a través de un ordenador, hay un trecho.

No señores, “Digitalicemos lo digitalizable” no significa que centremos nuestros esfuerzos en hacer por ordenador todo lo que antes hacíamos de otras formas. Lo que yo quería decir era algo diferente: “No digitalicemos lo no digitalizable”.

Si parte del trabajo se desarrolla bien de la forma tradicional, cambiar el modelo interponiendo ordenadores en el proceso no tiene por qué estar justificado. Es más, puede complicar las cosas sobremanera.

Por lo tanto, antes de implantar un ordenador, piénsese si realmente esto ayudará a profesionales y usuarios o si por el contrario aumentará el tiempo necesario para realizar el mismo trabajo sin aportar ventajas relevantes. En ese último caso, inviértase el dinero del ordenador en otras cosas.

Se lo dice un apasionado de la informática: se me ocurren miles de mejores usos para ese dinero.