@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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La tarde en la que acabé de redactar mi Tesis Doctoral, el pasillo de mi piso estaba frío y oscuro, llegué al estudio y me acurruqué en mis viejos vaqueros junto al radiador encendido a toda potencia. Necesitaba afeitarme urgentemente.

Pensando en lo que había aprendido en estos tres años, me di cuenta de que no había sido tanto. No sonó música de Respighi en mi cabeza. “Sonará el día que la lea -pensé”. Desde luego, había cumplido mi firme propósito de no aprenderme las reglas de Vancouver.

Aquella tarde, no me apeteció tomar té ni cerveza de un botellín. Habría tomado una copa de vino, pero no me gusta beber si estoy solo en casa. Miré por la ventana del dormitorio pensando en lo mismo que en verano de 2012.

Bueno, exactamente en lo mismo no. Entonces me di cuenta de lo que había aprendido. No tenía nada que ver con la Medicina.

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Tras dos semanas encerrado en casa, 71.637 palabras repartidas en 278 páginas conforman el primer borrador de mi tesis doctoral. Acabo de pasarles el corrector ortográfico y de enviarla a mis tutores.

Ahora mismo estoy sentado en frente de mi ordenador y me pregunto: Bueno, y ahora, ¿cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso de la tesis lo sé; no es eso a lo que me refiero. Estoy pensando en la siguiente meta vital. ¿Continuar con la investigación clínica? ¿Estudiar cualquier otra de las ciencias que me apasionan? ¿Dedicar más tiempo a mi vida personal?

En ese debate me mantengo y no hay respuesta clara.

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Una de las partes de mi Tesis Doctoral con la que lo estoy pasando peor es con el artículo.

Toda tesis que se precie tiene que tener un artículo detrás en alguna buena revista que recoja los resultados de dicha tesis. Por supuesto, el artículo lo tiene que redactar uno solito y normalmente queda expuesto a muchas críticas.

Curiosamente la peor crítica es la que se hace uno mismo. Uno piensa si su trabajo, al tener que competir contra otros textos para ganarse un hueco en una revista, tendrá la relevancia suficiente.

Porque, si no es así, ¿de qué habrá servido el trabajo de estos años?

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