@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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Lo que más me molesta de De Guindos es que se cree que todo el patio es suyo. Parece que se ha olvidado rápidamente de que el patio me pertenece a mí y que, desde luego, he sido yo quien ha decidido ponerlo ahí.

Hace una vida muy tranquila; normalmente se pasa días enteros sin aparecer. Cuando lo busco, De Guindos se esconde; pero cuando me confío, me recuerda que sigue ahí. Le gusta llamarme la atención cuando se le acaba todo el alimento que le doy y me exige más. Tiene varios métodos para hacerlo.

El primero de ellos consiste en lanzarse desde una gran altura. Trepa hasta lugares inverosímiles, de los que no puede bajar, y después se lanza al vacío. El caparazón golpea en el suelo haciendo un característico ruido que me obliga a dejarlo todo e ir a socorrerle.

Otra forma de llamarme la atención es arañar el cristal de la puerta. Claro, que el cristal es duro, pero De Guindos tiene las uñas largas y afiladas. Sabe que insistiendo lo consigue, que así las puertas acaban cediendo, cuando en realidad soy yo el que las abre sin que él se de cuenta.

Pero el método más cruel de llamarme la atención lo ejecuta por las noches. Entra sigilosamente en mi dormitorio, buscando el agradable fresco de debajo de mi cama y se queda allí. Desde que esto ocurrió por primera vez, me cuesta dormir tan tranquilo como antes; quizás me de miedo de que se quiera comer mis sueños.

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Reconozco que la culpa es mía, que yo había sido el que había dicho que en mi casa no quería ni perro ni gato; que no estaba yo para cuidar bichos. Que en todo caso, una tortuga o algo así que no diera mucho trabajo.

Pero yo estaba pensando en una tortuguita de esas de pocos centímetros que venden en las tiendas de animales. No en lo que me trajo Javi. Javi me ha regalado un dinosaurio.

No he querido ni medirla. Lo que sí he hecho ha sido taxonomizarla.

Se trata de una Trachemys Scripta, la tortuga mascota más popular. Todos los sitios de Internet dicen que ni se me ocurra liberarla, que se adapta muy bien al ecosistema español y que, al no ser una especie autóctona, lo destruye. Así que la tengo suelta en el patio, que es grande y tiene sol, sombra y plantas y de donde no se puede escapar.

O eso espero, que no se escape, porque la verdad es que me da un poco de miedo. En las patas delanteras tiene las uñas muy largas, como las del velocirraptor de la escena de la cocina de Parque Jurásico. Se defiende con la cola, que mide fácilmente sus cinco centímetros. Y tiene fuerza. Impresiona el sonido del caparazón chocando contra las macetas. Creo que es macho.

El siguiente problema ha sido la alimentación. Estuve todo el viernes por la mañana construyéndole una charca abrevadero de la que pudiera entrar y salir sin ahogarse. No se ha molestado ni en mirarla. Ha preferido esconderse detrás de la maceta del jazmín, donde creo que se está comiendo las hormigas.

Creo. Porque si no se las está comiendo, debe estar pasando hambre. Le he dado taquitos de jamón, hojas de lechuga e incluso un poco de melva en lata que me sobró de un sandwich que me hice hace unos días para cenar, pero los ha ignorado estoicamente. Debería haberle comprado pienso de tortugas, pero ¿dónde encuentro pienso de tortugas en pleno puente del Corpus?

Creo que por las fechas que son y los acontecimientos recientes voy a llamarla De Guindos. Yo le lanzo ayuda desde arriba y a ver ahora lo que hace con ella.