@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Pero eso sería terrible -me dijo un infectólogo al que le comenté mi proyecto llamado eORL. Imagina que yo les diera mi móvil, mi correo o mi página personal a todos mis pacientes. ¡Estaría todo el día acosado! Yo trato a algunos VIH que son jóvenes, con acceso a nuevas tecnologías y que dedican parte de su tiempo a buscar por Internet alternativas para saber si lo que estoy haciendo con ellos es lo mejor. Si les diera mi correo electrónico, ¡tendría mi bandeja de entrada siempre llena de correos de estos pacientes demandando información!

Pero lo que este infectólogo no sabía es que los pacientes ya nos buscan en Internet. Quieren saber quién es su médico. ¿Alguna vez has buscado tu nombre en Google? Hazlo y sabrás lo que tus pacientes van a saber de ti cuando ellos te busquen. Por cierto, quita tus fotos más comprometidas de Facebook o de Tuenti. Un paciente encontró la página de uno de mis compañeros y, después de ver las fotos de sus vacaciones, le envió un mensaje para agradecerle lo buen médico que era.

Sí, hoy en día los pacientes electrónicos no están sólo en Estados Unidos; han llegado a España y están entre los que acuden a nuestra consulta de todos los días. Y más o menos conscientemente, reclaman cada vez más una atención por la red.

Pues yo les doy mi teléfono móvil y mi correo a mis enfermos de la privada y no me suelen solicitar mucho -me comentó otro médico de mi hospital. Creo que les tranquiliza y les pone mejor saber que estoy ahí por si algo va mal.

Seguramente los dos médicos tengan razón; entonces, ¿a quién escuchar? Por un lado, sería muy positivo que mis pacientes pudieran comunicarse conmigo en cualquier momento; por el otro, yo también necesito un tiempo personal de descanso.

Mientras me planteaba esto, encontré una solución intermedia delante de mis narices: Twitter, que permite una comunicación entre personas instantánea, gratuíta y forzosamente breve. Así que diseñé un proyecto para seguir on-line a mis pacientes. La idea me entusiasmaba tanto que lo fui comentando con algunos compañeros hasta que uno me dijo:

-¿Y por qué no dedicas mejor tu tiempo a estudiarte la especialidad?

Ya no comento lo de eORL; ahora lo llevo en secreto.

Me despierto esta mañana en el hospital; son las ocho menos cuarto. Bajo a la cafetería y aún no ha llegado nadie. Pido mi desayuno, me siento y me pongo a leer mis blogs favoritos en mi teléfono.

¿Qué programa es ése? -me pregunta el compañero que llega primero.
Esto es el Twitter -respondo. Es un servicio que te permite obtener las noticias que genera la gente que te interesa. Por ejemplo,… Bitácoras acaba de publicar que… ¿”National Geographic destapará el fraude de Stonehenge“?
¿Cómo? ¿De qué va eso?
Déjame que lo lea… a ver, aquí dice que National Geographic enseñará en enero algunas fotos que demuestran que Stonehenge es un engaño. Sus piedras se tallaron a principios del siglo XX y el monumento fue levantado poco después en secreto por el gobierno inglés para crear un falso destino turístico. Y, mira, trae fotos de cómo se construyó.

Poco a poco va llegando la gente y el fraude de Stonehenge se convierte en el tema del desayuno de la cafetería del hospital. Hasta que por fin alguien acertadamente dice:

Anda ya. Eso es mentira. Eso es la inocentada del día.

Tiene razón. Ha sido la inocentada del dia, pero que a través de Internet se ha extendido internacionalmente como la pólvora. Tanta ha sido su repercusión, que National Geographic ha tenido que explicar que ellos no tienen nada que ver con esa noticia. Ya se conoce al autor del bulo que, asombrado por la repercusión de su historia, ha reconocido hace unas horas que todo ha sido una broma.

Sin embargo, todo esto me ha dejado pensativo porque ¿cuántas de las noticias que leemos a diario serán también mentiras intencionadas? ¿Y cuántas de ellas nos creeremos sin ni siquiera reflexionarlas?