@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Hace unas semanas estuve en la boda de Pili, que el tiempo ha pasado tanto para Pili como para mí, que ya estamos en edad de casarnos, y que ya tenemos cosas más complejas en nuestra cabezas que cuando nos conocimos, con cuatro años de edad, en los que nuestro mayor placer era que nos dejaran colorear con nuestra propia caja de ceras Dacs.

Muchas caras que llevaba tiempo sin ver en aquella boda y cada una de ellas ha recorrido su vida por un camino muy diferente. En la mesa del convite, un viejo amigo me contaba lo buena que había su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el “maravilloso espíritu de confraternidad que se había respirado en Madrid durante aquellos días de verano” y la “inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de las increpancias que habían tenido que soportar de algunos integrantes del movimiento 15M.

Yo salté al escuchar esto último porque, al haber conocido en primera persona el movimiento 15M, tanto en Sevilla como en Madrid, no me puedo imaginar éste como algo distinto al “maravilloso espíritu de confraternidad que yo mismo había respirado durante esos días de primavera” y “la inmensa reunión de jóvenes con ideales positivos” con la única mancha de la represión policial al movimiento durante las JMJ y las burlas de los asistentes al mismo evento que tantas veces salieron en YouTube.

Ni mi viejo amigo ni yo quisimos dar nuestro brazo a torcer y se estableció un diálogo de besugos en el cual cada uno defendía su propia facción y tachaba de intolerante a la otra.

Pronto me di cuenta de ninguno de los dos conseguiría convencer al otro y de algo aún más triste: de la base de ambos movimientos, el 15M y las JMJ no era tan diferente: personas idealistas, desilusionadas con la realidad, cada una con su propia opinión pero buscando un consenso, reunidas en la calle, celebrando su encuentro, luchando a su modo por un mundo mejor, más igualitario, menos injusto, ¿en qué momento comenzamos a estar peleados?

¿Tan imposible es el diálogo entre ambos grupos? Si el 15M es aconfesional, ¿en qué momento se sintieron los católicos discriminados? Si las JMJ está formado por personas que expresan libremente su opinión, ¿cuándo el pluralista movimiento 15M se sintió con capacidad para criticar su libertad de expresión? ¿Quién quiso hacernos creer que éramos enemigos? ¿Acaso se pretendió que ambos no empujásemos hacia el mismo lado?