@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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La tarde en la que acabé de redactar mi Tesis Doctoral, el pasillo de mi piso estaba frío y oscuro, llegué al estudio y me acurruqué en mis viejos vaqueros junto al radiador encendido a toda potencia. Necesitaba afeitarme urgentemente.

Pensando en lo que había aprendido en estos tres años, me di cuenta de que no había sido tanto. No sonó música de Respighi en mi cabeza. “Sonará el día que la lea -pensé”. Desde luego, había cumplido mi firme propósito de no aprenderme las reglas de Vancouver.

Aquella tarde, no me apeteció tomar té ni cerveza de un botellín. Habría tomado una copa de vino, pero no me gusta beber si estoy solo en casa. Miré por la ventana del dormitorio pensando en lo mismo que en verano de 2012.

Bueno, exactamente en lo mismo no. Entonces me di cuenta de lo que había aprendido. No tenía nada que ver con la Medicina.

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