@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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En primer lugar, quiero dar las gracias a mi amigo Emilio por prestarme su blog para contar esta historia. Ya sé que, a día de hoy, es gratuito abrirse un blog en cualquier plataforma, pero es un rollo comenzar en el anonimato, sin apenas lectores y sin impacto ninguno en internet. Mi historia tiene impacto suficiente como para merecerse un comienzo mejor.

Ya he cumplido los treinta años. No quiero decirles exactamente la edad que tengo, ni tampoco mi nombre, porque esta ciudad es pequeña y se me reconocería en seguida. Porque eso sí lo he decidido, desde ya les digo que nací en Sevilla y que sigo viviendo en esta ciudad.

Como no tengo nombre y eso es de mala educación, he decidido apodarme Keyman para ustedes. Sobre mi apodo quiero aclarar dos cosas. Para empezar, significa eso, hombre-llave. En segundo lugar, se pronuncia “quiman” con acento en la i. No se pronuncia “queiman”, que me recuerda a caiman o a queimada. No, no. Es “quiman”. Como He-Man. Yo soy de los ochenta.

Pero yo no me parezco a He-Man. Ni siquiera tengo el mismo pelo. Yo soy moreno y mileurista; es decir, me corto el pelo en casa con maquinilla. Tampoco tengo ni sus pectorales ni sus abdominales. Los pectorales son para los que pudieron ir al gimnasio en los primeros años de la Universidad y los abdominales para los que salen en ese programa de mediodía de Telecinco en el que un montón de tías se disputan a un chaval que las va seleccionando poniendo nota a las citas que mantiene con ellas.

Volviendo a lo que me traía por aquí, yo quiero ser conocido como Keyman porque soy capaz de abrir puertas cerradas. Da igual que le den dos vueltas a la llave, que pongan un cerrojo o que bloqueen la puerta con una clave de seguridad, que yo la abriré. Soy el Uri Geller de las puertas. Un poco mejor que Uri Geller. En internet dicen que lo de que Uri Geller doblaba cucharas era un truco y que lo de que ponía relojes a andar se debía a la batería residual de las pilas gastadas.

En lo mío no hay ni trampa ni cartón. Yo abro cualquier puerta cerrada. Sólo tengo que apoyar la mano en la hoja y ésta se abre. Mi técnica sólo tiene un problema. Luego soy incapaz de cerrar lo que abro.

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