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Muchos médicos que no lo han probado argumentan en contra del modelo teleasistencial que, al facilitar la comunicación del paciente con el médico, crea a enfermos mucho más dependientes y, consecuentemente, se aumenta la carga de trabajo.

Yo, que soy como Santo Tomás, que hasta que no meta el dedo en la llaga no me lo creo, he tenido que facilitar mi correo, mi Facebook y mi Twitter a bastantes pacientes para probar el modelo y para acabar admitiendo que, efectivamente, con este sistema existe una tendencia a crear pacientes dependientes del médico. Esto es un gran problema porque, hoy en día, en nuestro Sistema, procuramos que el paciente asuma un peso importante de su propio cuidado en la medida de lo posible. ¿Entonces el modelo de teleasistencia que estoy ensayando, que pretende una relación directa médico-paciente, da un paso hacia atrás?

Lamentablemente, no estoy aún en situación para responder de forma rotunda esta pregunta, pero seguramente la respuesta sea gris. No todos los pacientes son candidatos al modelo. Por ejemplo, he notado una tendencia a que los pacientes que consultan por rinitis e insuficiencia respiratoria nasal me piden por correo revisiones más precoces que, tras producirse, no han alterado en ningún caso mi plan terapéutico. Así, he decidido que estos pacientes no serán candidatos de momento a continuar con mi experimento.

Sin embargo, en la mayoría de la patología no he encontrado que se cree ese temido aumento de la dependencia, al menos por el momento. Les mantendré informados acerca de tan inquietante cuestión.

Dije que sí cuando hace dos meses me propusieron impartir ese curso de Facebook para médicos, y eso que no soy un gran experto en esta red social.

Hace unos meses leía en el blog de la doctora Jomeini cómo le sigue entrando cierta congoja cuando tiene que prepararse algunas de sus clases para instruir a otros médicos en el dospuntocerismo. Tanto Ana como yo, somos blogueros, y eso no nos convierte en expertos en social media.

Pero, como ella misma dice, “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, lo haremos lo mejor que podamos, y, si por algún casual, entre los alumnos se encuentra alguien que sepa del tema más que el profesor, no es motivo de preocupación, sino que es una buena noticia, porque la web 2.0 no es más que compartir conocimiento desde la horizontalidad.

Así pues, me lié la manta a la cabeza y comencé a preparar el curso. Pero, ¿qué busca exactamente un médico de Facebook? ¿Cómo sacar una utilidad profesional a una red social que se caracteriza por lo personal? Ésas son las preguntas que pretendo resolver en una charla que he estructurado de la siguiente manera:

1. ¿Qué es el social media? De esta parte hablaré o no en función del nivel del auditorio sobre nuevas tecnologías. En realidad, voy a contar un poco el famoso cuento de los helados de Scoopville, que no sólo sirve para explicar la red social, sino que también consigue que se intuya qué es el muro de Facebook.

2. ¿Qué es una red social? El concepto de amplificación social. Esta parte me gusta mucho, porque pienso comparar que, del mismo modo que se pueden buscar relaciones sentimentales de forma intuitiva, las oportunidades laborales están ahí.

3. ¿De qué está formado Facebook? Perfil, grupo y página. En este punto me resultó brillante una clase sobre Facebook que hace unos meses se impartió en TeKuidamos.

4. ¿Cómo proteger mi intimidad? Éste punto es muy importante. Aún muchos médicos no están en Facebook porque tienen miedo a perder su intimidad. No quieren que sus pacientes los vean en la playa. Ni en fiestas con una copa en la mano. En este sentido, la agrupación de contactos en cuatro grupos de privacidad, como se sugiere por diversos sitios de internet, me resulta sencilla, intuitiva y proporciona la confianza necesaria como para no dejarse intimidar por Facebook.

5. El buscador de Facebook: encontrando grupos y páginas de interés para otorrinolaringólogos. Es curiosa la aceptación que ha tenido Google como buscador. Todo el mundo sabe usar Google. Sin embargo, para encontrar determinada información, es preferible usar otros buscadores como el de Facebook o el de Twitter. ¿Por qué estos métodos de búsqueda son menos famosos y qué tipo de información se puede encontrar en ellos?

6. Facebook y Telemedicina. Aquí, brevemente, hablaré de lo que hablo siempre, eso de mis pacientes a través del ordenador y bla, bla, bla,… (ya os lo sabéis todos, me repito mucho).

7. Conocer las reglas ocultas del juego antes de continuar: la reputación digital, el branding, el landing y otras cosas que hay que saber, porque, antes de lanzarse a la piscina, hay que comprobar que tenga agua.

Yo lo veo bastante completito. ¿Echáis en falta algo? Todo tipo de consejo es muy agradecido.

Cuando Olga me invitó a dar una clase en su aula virtual de TeKuidamos, no tuve muy claro qué era lo que querría escuchar la audiencia especializada que acude como público a este foro.

Así que yo conté lo de siempre: lo de que doy el correo electrónico para comunicarme con los pacientes: cómo me iba, qué experiencias estaba teniendo y todo eso. Terminé mi presentación con una frase que gustó: “Digitalicemos lo digitalizable“. La frase se tuiteó, se retuiteó, se trituiteó, se cuatrituiteó y se quintituiteó.

Tanto éxito tuvo, que a mí me dio vergüenza reconocer que esa frase era un error, que yo no quería decir lo que esa frase significaba; que yo me refería a otra cosa. Así que desde aquí doy mi fe de errores.

Un servicio de salud digitalizado no tiene por qué ser mejor. Ni mucho menos. No confundamos términos. Puede parecer más moderno, eso no lo discuto, pero de ahí a afirmar que su calidad es mejor porque todo se haga a través de un ordenador, hay un trecho.

No señores, “Digitalicemos lo digitalizable” no significa que centremos nuestros esfuerzos en hacer por ordenador todo lo que antes hacíamos de otras formas. Lo que yo quería decir era algo diferente: “No digitalicemos lo no digitalizable”.

Si parte del trabajo se desarrolla bien de la forma tradicional, cambiar el modelo interponiendo ordenadores en el proceso no tiene por qué estar justificado. Es más, puede complicar las cosas sobremanera.

Por lo tanto, antes de implantar un ordenador, piénsese si realmente esto ayudará a profesionales y usuarios o si por el contrario aumentará el tiempo necesario para realizar el mismo trabajo sin aportar ventajas relevantes. En ese último caso, inviértase el dinero del ordenador en otras cosas.

Se lo dice un apasionado de la informática: se me ocurren miles de mejores usos para ese dinero.