@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Estás dentro de eORL

Es un poco difícil explicar la necesidad de un congreso de dospuntocerismo sanitario a personas que cuando se sientan delante del escritorio de Windows tienen dificultad para abrir Internet Explorer. Yo lo he intentado, pero no sé si se habrán enterado de algo.

-Ah. Entonces, eso estaría lleno de frikies, ¿no?
-Sí, sí, había muchos frikies -contesto yo, bastante satisfecho con el resultado conseguido, pero sin entender muy bien por qué a los blogueros sanitarios nos acaban metiendo en el mismo grupo que a los fans de Star Trek.

Yo llevaba dos días alojándome entre La Latina y Tirso de Molina, esa zona de Madrid en la que, según la famosa canción de Ska-P, suele ser sencillo comprar hachís. Pero no necesitaba drogas para colocarme: me bastaba con un pincho de tortilla en Lavapies, un tercio (que así llaman a la cerveza en Madrid) y un iPhone con Twitter para sumergirme en los comentarios digitales que comenzaban a ebullir por Twitter los días previos al Congreso de la Blogosfera Sanitaria.

Después de tantos años leyéndonos, los blogueros médicos sentimos la necesidad de conocernos, así que quedamos treinta de nosotros en un asador argentino. Yo le hice caso a mi abuela y me puse una camisa limpia para la ocasión, porque ella siempre me dice que ya tengo edad de empezar a gustar y, en definitiva, aquello era una cita a ciegas masiva.

Llegué al restaurante y vi a un grupo de personas en la puerta. En ese momento me dio mucha vergüenza entrar, así que seguí andando hacia delante hasta llegar al estadio del Atlético, como si aquello no fuera conmigo. Pero cuando llegué a la puerta del estadio me paré en seco. Como en “Malena es un nombre de tango” pensé “¡Qué coño!“, me di la vuelta, vencí mis miedos y entré tan violentamente en el restaurante que casi le pego dos tortas a Miguel Ángel Máñez, a quien reconocí sin necesidad de que sacara la lengua.

-¿Y tú quién eres? -me preguntó una voz que, en mi excitación, no alcancé a ver de dónde venía.
-Yo me llamo Emilio.
-Ah, Emilienko, entrenador Pokémon -dijo alguien que parecía haberme reconocido- yo soy Rafa Bravo.

Para los que no lo sepáis, Rafa Bravo fue el primer médico bloguero español. En la Universidad, cuando yo aún no sabía ni qué era un blog, mi profesor de Farmacología siempre hablaba de Rafa Bravo: “Rafa Bravo dice, Rafa Bravo piensa“.

Yo lo flipaba. Rafa Bravo me conocía. Qué fuerte. Yo intenté aparentar templanza entre tanta gente influyente y no parecer una quinceañera a la que han metido en el camerino de los Back Street Boys. Y poco a poco me fui relajando. La cosa iba bien.

¡Los enfermos responden!

Bueno, voy a ser justo, no todos responden. En concreto, me han respondido un 65% de ellos. Yo les pedí que, después de haberlos diagnosticado y tratado en mi consulta, se pusieran en contacto conmigo para que me contaran cómo les iba con el tratamiento que les había prescrito, a través de mi correo, de mi Facebook o de mi Twitter. La experiencia me está encantando.

En primer lugar, me ha llamado la atención que muchos de ellos comienzan los correos de la siguiente manera:

Texto imaginario a modo de ejemplo: “Doctor, no sé muy bien lo que le tengo que contar, pero espero que no le importe que le haga una pregunta que se me ocurrió cinco minutos justo después de dejar su consulta (…)”.

De esta frase, que está siendo muy frecuente, me llaman la atención tres cosas: (1) que los pacientes te tratan con respeto cuando contactan contigo por la web, (2) que les choca que su médico quiera hacer un “ciberseguimiento” y (3) que cuando a los enfermos salen de la consulta y se les pasan los nervios comienzan a tener dudas que ya es tarde para resolver.

En segundo lugar, tengo que contaros que apenas me supone tiempo leer los mensajes de los pacientes; es más, casi podría decir que se llega a ahorrar tiempo: puedo tomar decisiones terapéuticas con más calma e incluso podría ahorrarme en bastantes una revisión en mi consulta.

Sin embargo, todo esto es sólo el principio. Os seguiré contando próximamente cómo me está yendo el proyecto.

Ahora no recuerdo cómo se llamaba esa película de Paco Martínez Soria en la que hacía de cateto de pueblo que visitaba a su moderno hijo en Madrid. De lo único que me acuerdo es de una escena en blanco y negro en la que el actor intenta salir de la estación cargado con dos grandes baúles y no lo consigue.

Tengo que reconocer que yo también me siento un poco perdido a la hora de manejarme en Madrid. Lo poco que sé de la capital es cómo coger una plaza de MIR, que es muy sencillito. Hay que ir en AVE hasta la estación de Atocha, bajarse del tren, meterse en el Ministerio, que está a un par de manzanas de distancia y volver a la estación.

Dentro de un mes, se celebrará en Madrid el I Congreso de la Blogosfera Sanitaria. Cuando me enteré de que éste congreso se había convocado y de que las plazas eran limitadas, me apresuré a inscribirme y a buscar un medio de transporte, sin ni siquiera saber si me iban a dejar cogerme esos días en el trabajo. Afortunadamente, me lo han permitido y, si nada lo impide, espero encontrarme con muchos de vosotros por allí.

Pero eso si consigo llegar, porque a mí, la capital, como a Martínez Soria, me da un poco de vértigo y seguro que me pierdo. El congreso se celebra cerca de la Castellana; yo sólo sé que esa avenida es larguísima y que, si mi Monopoly dice la verdad, está pasando la Gran Vía, justo antes de llegar a una joyería en el Paseo del Prado.

Después me he enterado de que el encuentro se celebrará en el Instituto de Salud Carlos III, que está dentro de un Ministerio. Qué miedo me da. Seguro que está lleno de gente importante que habla de cosas importantes, como de grandes proyectos en eHealth al lado de los cuales el mío es completamente insignificante.

Y para terminar, me preocupa mucho el tema de la etiqueta. No sé si quedaré peor si llevo una camisa de cuadros y al llegar allí todo el mundo va de chaqueta y corbata o si me pongo la chaqueta y la corbata y al llegar allí todo el mundo va con camisa de cuadros.