@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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En un terrible juego de palabras, Jardiel Poncela escribía en una de sus novelas:

-¿El asunto tiene tesis?
-No, pero el protagonista tiene tisis.

Y yo ni tengo tesis ni tengo tisis. Pero la quiero. La tesis digo, no la tisis.

Siempre la he querido. ¿Por qué? se preguntarán ustedes. Bueno, quizás por saber que tras mi paso por la Universidad conseguí aportar un granito de arena más a la ciencia. O tal vez sea sólo por amor propio, quién sabe.

En cualquier caso, el mundo de la tesis es complejo. Para empezar, es necesario estudiar mucho y no sólo saber lo que dicen los libros, sino mantenerse actualizado y a la última, porque no hay nada peor que comenzar un tema desfasado. En teoría, la tesis debe ser algo nuevo.

-Tienes que acabar la tesis durante la residencia -me han dicho más de dos y tres veces.
-Pero en los primeros cuatro años de una disciplina es difícil localizar cuáles son los temas que se deben desarrollar -me defiendo.
-Sí, pero la tesis es algo muy conveniente. Tanto para tu currículum profesional como para el docente.

Internamente creo que tener la tesis antes de los treinta años es precoz. Pero aunque opino que la tesis de un especialista joven supone menos amplitud de miras que la tesis de alguien con más experiencia, una vez me dijeron algo que me convenció para seguir adelante:

-Haces la tesis para ser doctor. Eres doctor para seguir investigando. En ese sentido, tu tesis debe ser tu primera investigación y, por tanto, la peor de todas.

Así pues, yo comencé mi tesis durante el primer año de residencia. El tema era interesante: estudio de las reclamaciones interpuestas a servicios de Otorrinolaringología. No había mucho sobre el tema, así que me formé, conseguí la escasa bibliografía disponible y escribí mi tesina, que es algo así como un estudio previo a la tesis. Y en ella, tras varios estudios descriptivos y alguna que otra inferencia, acabé concluyendo que las reclamaciones están influidas por un número tan alto de condicionantes externos, que su análisis diacrónico carece de interés y, por otro lado, que la variedad de motivos objeto de reclamación es tan variada, que las muestras de cada servicio no tienen un tamaño muestral suficiente para permitir comparaciones sincrónicas.

En otras palabras, que era mejor no seguir investigando en el tema. Fui humilde y me quedé con una tesina, pero sin tema de tesis. ¿Cómo iba a seguir trabajando en una materia cuyo estudio preliminar me advertía de su dudosa utilidad?

Entonces llegó todo el boom del dospuntocerismo en sanidad y, con él, los intereses comerciales asociados. Se desarrollaba de un día para otro una amplia oferta de formas y usos sanitarios que se aplicarían sin estudios previos de seguridad a la práctica habitual. Un campo emergente lleno de posibilidades de estudio y en el que me apliqué para conocer qué se estaba haciendo en Otorrinolaringología y Teleasistencia.

Leí más de doscientos artículos: algunos ingeniosos, otros temerarios, e incluso redacté una propuesta para estudiar la seguridad de métodos de Telemedicina con pacientes quirúrgicos. Pero pronto comprendí que Internet se trata de un terreno con una evolución tan trepidante que mi segundo posible tema de tesis quedaría desfasado en meses. Sobre todo porque el perfil del usuario de nuevas tecnologías en este momento no tendrá nada que ver con el usuario de dentro de unos años. Ni siquiera con el usuario de dentro de unos meses.

Por tanto, ahí estuve, húerfano de tesis por segunda vez. Hasta que hace tres semanas me enfrenté a una tercera posibilidad, que es la que estoy estudiando en este momento y que quizás llegue a buen puerto. Os mantendré informados.

Dije que sí cuando hace dos meses me propusieron impartir ese curso de Facebook para médicos, y eso que no soy un gran experto en esta red social.

Hace unos meses leía en el blog de la doctora Jomeini cómo le sigue entrando cierta congoja cuando tiene que prepararse algunas de sus clases para instruir a otros médicos en el dospuntocerismo. Tanto Ana como yo, somos blogueros, y eso no nos convierte en expertos en social media.

Pero, como ella misma dice, “en el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, lo haremos lo mejor que podamos, y, si por algún casual, entre los alumnos se encuentra alguien que sepa del tema más que el profesor, no es motivo de preocupación, sino que es una buena noticia, porque la web 2.0 no es más que compartir conocimiento desde la horizontalidad.

Así pues, me lié la manta a la cabeza y comencé a preparar el curso. Pero, ¿qué busca exactamente un médico de Facebook? ¿Cómo sacar una utilidad profesional a una red social que se caracteriza por lo personal? Ésas son las preguntas que pretendo resolver en una charla que he estructurado de la siguiente manera:

1. ¿Qué es el social media? De esta parte hablaré o no en función del nivel del auditorio sobre nuevas tecnologías. En realidad, voy a contar un poco el famoso cuento de los helados de Scoopville, que no sólo sirve para explicar la red social, sino que también consigue que se intuya qué es el muro de Facebook.

2. ¿Qué es una red social? El concepto de amplificación social. Esta parte me gusta mucho, porque pienso comparar que, del mismo modo que se pueden buscar relaciones sentimentales de forma intuitiva, las oportunidades laborales están ahí.

3. ¿De qué está formado Facebook? Perfil, grupo y página. En este punto me resultó brillante una clase sobre Facebook que hace unos meses se impartió en TeKuidamos.

4. ¿Cómo proteger mi intimidad? Éste punto es muy importante. Aún muchos médicos no están en Facebook porque tienen miedo a perder su intimidad. No quieren que sus pacientes los vean en la playa. Ni en fiestas con una copa en la mano. En este sentido, la agrupación de contactos en cuatro grupos de privacidad, como se sugiere por diversos sitios de internet, me resulta sencilla, intuitiva y proporciona la confianza necesaria como para no dejarse intimidar por Facebook.

5. El buscador de Facebook: encontrando grupos y páginas de interés para otorrinolaringólogos. Es curiosa la aceptación que ha tenido Google como buscador. Todo el mundo sabe usar Google. Sin embargo, para encontrar determinada información, es preferible usar otros buscadores como el de Facebook o el de Twitter. ¿Por qué estos métodos de búsqueda son menos famosos y qué tipo de información se puede encontrar en ellos?

6. Facebook y Telemedicina. Aquí, brevemente, hablaré de lo que hablo siempre, eso de mis pacientes a través del ordenador y bla, bla, bla,… (ya os lo sabéis todos, me repito mucho).

7. Conocer las reglas ocultas del juego antes de continuar: la reputación digital, el branding, el landing y otras cosas que hay que saber, porque, antes de lanzarse a la piscina, hay que comprobar que tenga agua.

Yo lo veo bastante completito. ¿Echáis en falta algo? Todo tipo de consejo es muy agradecido.

Cuando Olga me invitó a dar una clase en su aula virtual de TeKuidamos, no tuve muy claro qué era lo que querría escuchar la audiencia especializada que acude como público a este foro.

Así que yo conté lo de siempre: lo de que doy el correo electrónico para comunicarme con los pacientes: cómo me iba, qué experiencias estaba teniendo y todo eso. Terminé mi presentación con una frase que gustó: “Digitalicemos lo digitalizable“. La frase se tuiteó, se retuiteó, se trituiteó, se cuatrituiteó y se quintituiteó.

Tanto éxito tuvo, que a mí me dio vergüenza reconocer que esa frase era un error, que yo no quería decir lo que esa frase significaba; que yo me refería a otra cosa. Así que desde aquí doy mi fe de errores.

Un servicio de salud digitalizado no tiene por qué ser mejor. Ni mucho menos. No confundamos términos. Puede parecer más moderno, eso no lo discuto, pero de ahí a afirmar que su calidad es mejor porque todo se haga a través de un ordenador, hay un trecho.

No señores, “Digitalicemos lo digitalizable” no significa que centremos nuestros esfuerzos en hacer por ordenador todo lo que antes hacíamos de otras formas. Lo que yo quería decir era algo diferente: “No digitalicemos lo no digitalizable”.

Si parte del trabajo se desarrolla bien de la forma tradicional, cambiar el modelo interponiendo ordenadores en el proceso no tiene por qué estar justificado. Es más, puede complicar las cosas sobremanera.

Por lo tanto, antes de implantar un ordenador, piénsese si realmente esto ayudará a profesionales y usuarios o si por el contrario aumentará el tiempo necesario para realizar el mismo trabajo sin aportar ventajas relevantes. En ese último caso, inviértase el dinero del ordenador en otras cosas.

Se lo dice un apasionado de la informática: se me ocurren miles de mejores usos para ese dinero.