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-Entonces no le dan vueltas las cosas.
-No.
-Y nunca le han dado vueltas las cosas.
-No.
-Y está mareado.
-Sí.

Cuando nos enfrentamos a un paciente que acude a consulta por mareos, siempre le preguntamos si las cosas le dan vueltas. Si el paciente responde que sí, que siente que todo se mueve y que incluso en alguna ocasión ha llegado a ver las cosas moverse, entonces el paciente tiene vértigos y tiene una alta probabilidad de que la causa de sus mareos resida en el oído.

Pero, ¿qué ocurre cuando el paciente está mareado pero niega que las cosas le den vueltas? Bueno, en ese caso es posible que la causa de los mareos esté en el oído también, pero hace falta desplegar un diagnóstico diferencial muy amplio que incluye, aparte de enfermedades del oído, arritmias cardiacas, alteraciones de la tensión arterial, mal funcionamiento del tiroides, enfermedades del sistema nervioso central, cuadros psicógenos y una de las causas más comunes y más olvidadas, que es de la que vamos a hablar hoy: los mareos causados por fármacos.

Se estima que un 25% de los fármacos disponibles en el mercado pueden causar mareo como efecto secundario. En la mayoría de las ocasiones, el cuadro lo identifica el propio paciente y él mismo pone la solución:

-Doctor, me mandó usted esta medicina pero me mareaba mucho, así que he dejado de tomármela.
-Y se le pasaron los mareos cuando dejó usted de tomar la pastilla.
-Sí, sí, no me ha vuelto a ocurrir.

Desafortunadamente, las cosas no siempre son tan sencillas. En ocasiones, es posible que un fármaco no cause mareos justamente al comenzar a tomarlo, sino meses después. En estos casos, establecer la relación causa-efecto es mucho más complicado. Un ejemplo bastante común se puede encontrar en los pacientes que han tomado durante meses fármacos antivertiginosos.

Otra causa frecuente de mareo farmacológico son los síndromes de abstinencia. No, no me refiero a la abstinencia por heroína; desafortunadamente, el mareo por abstinencia puede aparecer con una gran cantidad de los fármacos de uso común, como los ansiolíticos y los antidepresivos de tipo ISRS e IRSN. La retirada de estos fármacos puede causar mareo crónico que puede llegar a durar muchos meses.

No existen muchos estudios que expliquen cómo deben ser tratados los pacientes con mareos por abstinencia de psicofármacos. Parece que existe una tendencia a la remisión espontánea del cuadro y que éste puede ser prevenido retirando la medicación progresivamente y no de golpe.

En mi experiencia personal, explicar al paciente que no se trata de algo grave y que irá experimentando una lenta mejoría, ayuda al paciente a controlar la ansiedad. Los ejercicios habituativos de rehabilitación vestibular, teóricamente, deberían contribuir a la mejora.

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Una de las partes de mi Tesis Doctoral con la que lo estoy pasando peor es con el artículo.

Toda tesis que se precie tiene que tener un artículo detrás en alguna buena revista que recoja los resultados de dicha tesis. Por supuesto, el artículo lo tiene que redactar uno solito y normalmente queda expuesto a muchas críticas.

Curiosamente la peor crítica es la que se hace uno mismo. Uno piensa si su trabajo, al tener que competir contra otros textos para ganarse un hueco en una revista, tendrá la relevancia suficiente.

Porque, si no es así, ¿de qué habrá servido el trabajo de estos años?

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Como un gran número de lectores de este blog llegan a él buscando en Google información acerca de la migraña vestibular, me siento en el compromiso de hablar un poco de ella. Lo primero que quiero decir es que éste es un blog personal y que, aunque su autor es médico, la información que voy a dar no debe servir ni para diagnosticarse ni para comenzar tratamientos por cuenta propia.

Este invento de la migraña vestibular, una mezcla de dolores de cabeza y mareos, no es nada nuevo. Las historia de la migraña se remonta a la antigüedad, así como el dato de que en las crisis de migraña pueden aparecer mareos. Lo que sí ha cambiado ha sido la forma de orientar la enfermedad.

Clásicamente, los otorrinolaringólogos nos dedicamos a estudiar a los pacientes que sufren de vértigos y mareos. Así, hemos identificado numerosas enfermedades que causan con estos síntomas. Los neurólogos, por su parte, diagnostican y tratan a las personas que sufren de dolores de cabeza y saben que no es raro que aquellos que sufren de migraña tengan vértigos y mareos también.

Sin embargo, a ninguno de los dos especialistas se nos había ocurrido que en las personas que sufren de migraña vestibular, el mareo y el vértigo pudieran tener una intensidad tan alta que el dolor de cabeza pasara a ser de menor importancia. Por tanto, el paciente con migraña vestibular suele consultar a un otorrinolaringólogo por una dolencia que no aparece en los manuales más clásicos de nuestra especialidad; nos volvía locos hasta hace poco, porque presentaba un cuadro que no casa claramente con ninguna de las enfermedades del oído.

No fuimos educados para preguntar por la presencia de cefaleas en la historia clínica y bastaba con que el paciente refiriera algo de alteración auditiva para que fuera clasificado como síndrome de Méniére con presentación atípica. Gracias a los avances de la Medicina, hoy sabemos que la migraña vestibular, así como sus variantes, son bastante más comunes que el síndrome de Ménière.

A pesar de esto, el diagnóstico de migraña vestibular no es sencillo por cuatro motivos. En primer lugar, el diagnóstico de migraña vestibular es de descarte; es decir, para establecerlo es necesario descartar antes otras muchas causas de vértigo. En segundo lugar, no es raro que la migraña vestibular se presente en combinación con otras causas de vértigo que haya que tratar. En tercer lugar, los hallazgos exploratorios y los resultados de las pruebas complementarias pueden ser muy variados: en algunos pacientes las pruebas complementarias son normales; en otros, aparecen hipofunciones vestibulares o nistagmos variopintos. En último lugar, y tal vez ésta sea la razón más compleja para el diagnóstico, cada migraña es única y cada paciente utiliza sus propias palabras para intentar describir unas sensaciones con un gran carácter subjetivo y personal.

Afortunadamente, existen tratamientos disponibles para esta dolencia. Lo ideal es que el tratamiento se realice en un equipo multidisciplinar, en el que toman parte un neurólogo y un otorrinolaringólogo. El neurólogo es el encargado de estudiar si merece la pena establecer una profilaxis de migraña y de decidir cuáles son los fármacos más adecuados tanto para dicha profilaxis como para las crisis. El otorrinolaringólogo por su parte, debe comprender cómo el vértigo y el mareo afectan al día a día, estudiar si el paciente es candidato a tratamiento rehabilitador y prescribirlo si es necesario.