@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Estás dentro de Tesis doctoral

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La tarde en la que acabé de redactar mi Tesis Doctoral, el pasillo de mi piso estaba frío y oscuro, llegué al estudio y me acurruqué en mis viejos vaqueros junto al radiador encendido a toda potencia. Necesitaba afeitarme urgentemente.

Pensando en lo que había aprendido en estos tres años, me di cuenta de que no había sido tanto. No sonó música de Respighi en mi cabeza. “Sonará el día que la lea -pensé”. Desde luego, había cumplido mi firme propósito de no aprenderme las reglas de Vancouver.

Aquella tarde, no me apeteció tomar té ni cerveza de un botellín. Habría tomado una copa de vino, pero no me gusta beber si estoy solo en casa. Miré por la ventana del dormitorio pensando en lo mismo que en verano de 2012.

Bueno, exactamente en lo mismo no. Entonces me di cuenta de lo que había aprendido. No tenía nada que ver con la Medicina.

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Tras dos semanas encerrado en casa, 71.637 palabras repartidas en 278 páginas conforman el primer borrador de mi tesis doctoral. Acabo de pasarles el corrector ortográfico y de enviarla a mis tutores.

Ahora mismo estoy sentado en frente de mi ordenador y me pregunto: Bueno, y ahora, ¿cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso de la tesis lo sé; no es eso a lo que me refiero. Estoy pensando en la siguiente meta vital. ¿Continuar con la investigación clínica? ¿Estudiar cualquier otra de las ciencias que me apasionan? ¿Dedicar más tiempo a mi vida personal?

En ese debate me mantengo y no hay respuesta clara.

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Capítulo VII

Odio los mosquitos. Los odio. No aguanto su amenazante trompeteo las calurosas noches de verano que anuncia molestas picaduras por el cuerpo. A veces, cuando estoy durmiendo, escucho a uno de ellos silbar en mi oreja. Entonces me debato entre desvelarme y encender la luz o intentar volverme a dormir e ignorarlo.

Lo mejor es encender la luz, que haya un mosquito y echarle insecticida. Eso me da la tranquilidad de que ese mosquito no me va a picar ni esta, ni las noches futuras. Despertarse y matar un mosquito suma diez puntos.

Por el lado contrario, tampoco está mal dormir toda la noche del tirón sin que los mosquitos te despierten. El problema de esta situación es que sé que los mosquitos están, y que aunque esta noche no me hayan despertado, puede que lo hagan las noches siguientes. Dormir del tirón sin mosquitos suma nueve puntos.

Lo peor es que haya un mosquito, decidir no encender la luz y, por perezoso, ser acribillado a picaduras. Es la situación menos deseable. Estas noches suman cero puntos.

También está bastante mal, despertarse por haber creído escuchar un mosquito, encender la luz y que el mosquito no aparezca. Pero no está tan mal como el supuesto anterior. Estas noches podrían sumar, digamos, unos dos puntos.

La pregunta es: ¿cuál debe ser mi nivel de alarma al creer escuchar un mosquito para arriesgarme a encender la luz y que, al cabo del año, haya sumado el máximo de puntos posible?

Esta pregunta es extrapolable al mundo de la medicina. Si los mosquitos son enfermedades y el encender la luz es una prueba para diagnosticar esta enfermedad, podemos fijar el umbral de la prueba para que la suma de puntos sea máxima. Esto se realiza a través de unas rectas llamadas rectas de isoutilidad.

Poco a poco vamos ahondando en el tema acerca del que trata mi tesis.