@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

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La asociación de perjudicados por el formato PTT busca nuevos afiliados.

J. (ha preferido no dar su nombre por aquí) se disponía a dar una charla con Powerpoint ante un profesor de Universidad. Cual fue su sorpresa cuando comprobó que su presentación la había realizado con la última versión de este programa y que el ordenador en la que debía ser proyectada no había sido actualizado. Debido a la la incompatibilidad del archivo entre versiones del mismo programa no pudo utilizarla. Al ser incapaz de leer sus diapositivas, dejó en envidencia su desconocimiento sobre el tema (pensaba leer las diapositivas) y atribuye su suspenso a su desastrosa exposición. Está intentando encontrar alguna forma de hacer frente al tasazo universitario de la segunda matrícula.

M. quedó embelesada por las transiciones y animaciones que la nueva versión del programa Powerpoint le ofrecía. Por ello, amenizó su presentación con todo tipo de destellos, entradas, salidas y giros imposibles. En concreto, una de ellas consistía en que cada letra era disparada individualmente desde el extremo inferior izquierdo de la pantalla con el grácil sonido de un rayo láser. Cuando la diapositiva acababa, daba paso a la siguiente mediante un elegante movimiento en espiral que hacía el efecto óptico de ser lanzada violentamente hacia un extremo de la sala. Durante la exposición, una de personas que conformaba su auditorio se sintió de repente indispuesta y devolvió el desayuno.

E. había descubierto la fuente perfecta para sus diapositivas: ni tan vulgar como Arial, ni tan teletubbie como Comic Sans, ni tan ninety como Times New Roman. Desafortunadamente, no cayó en la cuenta de que si esa fuente no era instalada en el ordenador en que iba a usar durante su disertación, sería sustituida por otra; la que el ordenador considerase más parecida. La mala suerte alcanzó su punto álgido cuando la fuente de sustitución, elegida sin advertencia ni consulta previa, era ligeramente mayor y no cupo en los cuadros de texto originales (que no habían sido redimensionados). La presentación se vio reducida a trozos de letras y frases incompletas e ininteligibles.

Para que tu presentación pueda ser vista en cualquier ordenador;
para que ésta se conserve exactamente igual y sin cambios,
¡guarda y traslada tu presentación en formato PDF!

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A la mayoría de los enfermos no les dije adiós. Supongo que me daba cierta rabia no saber nunca cómo iban a informar la TAC que les prescibí; o si la biopsia que les tomé resultó positiva; o si se les cortó la otorrea; o si empezaron a respirar mejor por la nariz; o si el programa de rehabilitación vestibular doméstico consiguió que se sintieran más estables.

A los enfermos más cercanos sí les dije que me iba, pero no les conté adónde. La auxiliar de mi consulta me decía que mientras que ellos me preguntaran no había problema ético en decirles dónde iba a pasar consulta a partir de junio. Pero a mí no me parecía bien y, por mucho que me preguntaron, me mantuve en silencio. Quien tuviera mucho interés, ya me encontraría.

En el servicio de Otorrinolaringología, hubo una fiesta muy bonita, con sonrisas y abrazos y fotos y conversaciones y regalos y vino; una fiesta marcada por la alegría sorda que suele marcar el fin de una etapa. Y fuera del servicio, también les dije adiós al adjunto de las sillas y a la enfermera de la botella de suero, para demostrar la admiración que sentía por ellos por el esfuerzo que hacían cada día con cada enfermo.

Del Sistema Sanitario Público me despedí también, aunque le dije que sabría de él por los periódicos. Y que le deseaba mucha suerte. De todo corazón.

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Que, de repente, millones de españoles se pregunten qué es la prima de riesgo, es Indignación, con mayúscula.

No me gusta que se identifique la Indignación con el movimiento 15M porque, en un país en la situación que tenía España en el año 2011, el movimiento 15M no fue nada más que la expresión pública de unas preocupaciones que se venían gestando desde hacía tiempo.

Yo fui parte de ambas, tanto de la Indignación como del 15M y, un año después del inicio del movimiento, sigo indignado.

Indignado, por ejemplo, de que haya calado en la mente de los españoles que la culpa de la situación actual era que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades” cuando, durante la época de bonanza, los mismos que ahora nos culpan eran los que aplaudían nuestro crecimiento económico.

Indignado, por ejemplo, de que de repente, el sistema sanitario español, que nos hacía sentir orgullosos y generosos por su capacidad de otorgar atención universal a cualquier ciudadano del mundo, haya pasado a sentirse como algo que sólo se merecen los que “hacen algo productivo por este país”.

Indignado, por ejemplo, de que comience a verse necesario restringir el derecho de reunión para evitar disturbios, disipando las manifestaciones como herramienta para expresar malestar.

Al menos aún nos queda la libertad de expresión. Esta semana de aniversario, yo brindaré por ella sacando la banda blanca de papel, con mi nombre escrito en ella con letras rojas, que nos identificaba a los sanitarios del 15M en Sevilla.