@Emilienko Cómo convertirse en entrenador Pokémon

Para que me dejen descansar en mi semana de vacaciones, les ofrezco hoy un bonito problema que seguramente tenga repercusiones en su vida diaria.

El problema parece sencillo a simple vista. Consiste en calcular el área de la corona circular de la foto sabiendo que la línea azul mide 10 centímetros. Esa línea azul es la línea recta (cuerda) más larga que cabe dentro de la corona. Desde este momento les digo que el problema tiene solución.

Primera forma de calcularlo (difícil)

El área de la corona debe ser igual al área del círculo mayor menos el área del círculo menor. El área de un círculo es Pi por el radio del círculo al cuadrado. De este modo:

Área círculo grande = Pi * segmento rojo al cuadrado.
Área círculo pequeño = Pi * segmento amarillo al cuadrado.

Área corona circular = Área circulo grande – área círculo pequeño = Pi * segmento rojo al cuadrado – Pi * segmento amarillo al cuadrado.

Sacando factor común, área corona circular = Pi * (segmento rojo al cuadrado – segmento amarillo al cuadrado).

Por otro lado, podemos dibujar dos radios tal y como en el dibujo, de forma que se forme un triángulo rectángulo. Según el teorema de Pitágoras, Segmento rojo al cuadrado = Segmento amarillo al cuadrado + la mitad del segmento azul al cuadrado.

Despejando, la mitad del segmento azul al cuadrado (cinco por cinco, veinticinco) = segmento rojo al cuadrado – segmento amarillo al cuadrado.

Habíamos dicho antes que el área corona circular = Pi * (segmento rojo al cuadrado – segmento amarillo al cuadrado). Sustituyendo el paréntesis, el área de la corona circular es Pi * 25, más o menos 78,5 centímetros cuadrados.

¿Lo hemos comprendido? ¿Nos hemos perdido al sustituir a la vez las dos incógnitas? ¿Y si les digo que existe una forma mucho más sencilla de resolver el problema?

Estoy de vacaciones y no puedo satisfacer mi curiosidad por saber cómo estará afectando en el hospital la nueva normativa que obliga a los médicos a prescribir por principio activo. Esto es, para los legos, que ya no se podrá poner “Aspirina” en una receta; sino que obligatoriamente habrá que escribir “Ácido Acetilsalicílico 500 mg”.

-¿Y no es lo mismo? -se preguntarán ustedes.
-A efectos prácticos sí -les responderé. Si pongo Aspirina en mi receta, cuando ustedes vayan a la farmacia les darán Ácido Acetilsalicílico de la marca Bayer, y si escribo Ácido Acetilsalicílico en la misma, les darán el genérico más barato, que ha demostrado ser igual de efectivo y que a todos nos sale más económico.
-Entonces, prescribir por principio activo es bueno para todos, ¿no? Si obliga a médicos y a farmacéuticos a ofrecer la alternativa más económica del mismo fármaco con iguales propiedades, salimos ganando todos.
-Sí, pero…
-¿Pero?
-No es lo mismo prescribir genéricos que prescribir por principio activo. Yo estoy de acuerdo con la prescripción de genéricos, pero la prescripción por principio activo me parece más controvertida. (La diferencia entre ambos conceptos puede consultarse en una entrada de este mismo blog titulada “Coca-Cola para los oídos“.)
-¿Por qué?
-Un buen ejemplo son las gotas óticas. No hay gotas óticas genéricas. Prescibir gotas óticas puede ser tan sencillo como poner en un papel “Ciproxina”, “Synalar ótico”, “Menaderm otológico”, “Ciflot”, “Otix” y otras muchas. Es rápido y no causa confusión.
-¿Y por principio activo?
-La prescripción se hace mucho más compleja. Mira cómo cambia la cosa:

Ciproxina: Gotas óticas en suspensión de ciprofloxacino e hidrocortisona 2 mg/ml + 10 mg/ml.
Synalar ótico: Gotas óticas en solución de acetónido de fluocinolona, sulfato de neomicina y sulfato de polimixina B 0,25 mg / 3,5mg / 10000UI.
Menaderm otológico: Gotas óticas en solución de beclometasona y clioquinol 0,25 mg / 0,01g.
Ciflot: Gotas óticas de ciprofloxacino en solución a 1,2mg / dosis en monodosis de 0,4 ml.
Otix: Gotas óticas en solución de fosfato sódico de dexametasona, sulfato de polimixina B y trimetoprima 1 mg / 10000UI / 1 mg.

-¿Y esta prescripción más compleja tiene alguna ventaja económica?
-No, porque estos productos no existen en versión genérica. La prescripción por principio activo no parece tener ventajas en este caso.
-Discrepo. Al recetar por principio activo, utilizas un lenguaje científico y no un lenguaje comercial.
-Sí, eso es cierto, no lo voy a discutir.
-¿Y qué vas a hacer?
-No se trata de lo que vaya a hacer; no puedo elegir. La prescripción por principio activo es obligatoria y debo utilizar la forma compleja de prescribir las gotas. Ha sido una buena idea y es una buena medida. Pero no te niego que yo, que siempre me he esforzado en recetar la mejor alternativa para el paciente teniendo en cuenta los costes de la medicación, me siento como cuando en el colegio nos castigaban a toda la clase sin recreo porque un par de alumnos anónimos se habían comportado mal.

Nota: El listado anterior de gotas óticas no es ni pretende ser exhaustivo. La información proporcionada es pública y puede consultarse en Vademecum.es. El autor niega tener cualquier tipo de conflicto de intereses.

Esta foto cumple hoy diez años.

Nunca planifiqué qué haría el día que cumplí los dieciocho y, sin embargo, nunca podré olvidar aquel día: aquella despedida del campamento de política europea de Heppenheim, comiendo tarta de chocolate mientras me cantaban el “Glückliches Geburtstag”, abrazando a tanta gente de la que no quería pensar que probablemente no volviera a ver, esforzándome por contener las lágrimas porque, como todo el mundo sabe, los hombres no lloran. Y, a partir de aquel día, yo ya era un hombre.

Tampoco olvidaré las muchas horas de tren y coche que siguieron a aquella fiesta, leyendo un ejemplar añoso de Tom Sawyer, hasta llegar a Walchensee, en Austria, donde se me esperaba para celebrar una fiesta de cumpleaños con cerveza rubia, salchichas, tartas de todos los sabores, una orquesta bávara que no paraba de tocar con sus trompetas “Bye, bye, Fräulein” y para terminar nadando en un lago, a oscuras, bajo la luna llena, y para colmo, enamorado.

Seguramente, si lo hubiera planificado, no habría sido tan perfecto.

Si la foto cumple hoy diez años, quiere decir que yo hoy cumplo veintiocho. Veintiocho. Mi número favorito. No es que tenga nada especial; ni siquiera la descomposición en factores primos (siete por dos al cuadrado) parece especial. Pero siempre pensé que cumplir veintiocho años un día veintiocho tendría algo de especial.

No he hecho planes para hoy. Antes de ayer, quedé con Paco y Caro, con Joaquín y Pilar. A altas horas de la noche, Carlos me hablaba de Milan Kundera y Slavoj Zizek con la misma naturalidad que un niño le cuenta a otro cualquier detalle sin importancia. Ayer cené con Rafi y Elena, con Javi y los Joses. Antes de ayer y ayer, en diversos momentos de las veladas, me dolieron las mejillas de llevar mucho tiempo sonriendo.

Fue mientras cruzaba Reyes Católicos, a la altura de Zaragoza, al dar las doce de la noche, cuando se pusieron a cantar en voz alta el cumpleaños feliz y cuando el móvil y las redes sociales se comenzaban a volver locos de contener mensajes de felicitaciones. Con el dolor de las mejillas, me di cuenta de que no hacen falta planes complejos para sentirse dichoso cuando sabes que en los últimos diez años te has seguido rodeando de gente que te quiere.